sábado, 19 de diciembre de 2015

Navidad, dulce Naviada

La navidad es sinónimo de amor y paz…

Y Santa Claus, o Papá Noel, es el ídolo de millones de niños, y no tan niños, por estas fiestas.

Pero que pasa si te encuentras a uno de estos…




Mínimo me da un ataque. 


viernes, 18 de diciembre de 2015

Capítulo 13

¿Por qué ahora?
La semana se nos paso volando. Entre las visitas a los museos y sitios turísticos, porque según los profesores debíamos aprender todo lo que pudiéramos, en nuestras vacaciones, tuvimos un poco de tiempo para ir a las playas y a las discotecas.
Antes de darnos cuenta ya era hora de volver.
De camino a casa el bus hizo una parada, pasamos por un mercado de artesanías en cuanto vi una pequeña muñeca de trapo, me acorde de Samanta. Después de regatear con la vendedora la compre, y una bolsa de regalo. A ella le va encantar.
—¿Qué es eso? —Sara se acerco y me quito la bolsa —una muñequita
—deja eso —le arranque la bolsa de las mano y la alise contra mi pecho —no te metas con mis cosas
Ella levanto las manos y dio unos pasos atrás.
—¡Dense prisa! —grito el profesor —si se quedan atrás, los dejo
Me apresure a subir al bus y ocupe el primer asiento vacío que encontré. Me recosté y caí en un casi sueño, que duro muy poco con mis amigos cerca a mí.
No podía esperar a volver a casa, me había divertido en mi viaje de promoción. Pero extrañaba a mi princesa.
—tranquilo hombre —Mario mi compañero de asiento en el bus —parece que te fueras a la guerra
—extraña a su papito —Juan que está en el asiento de atrás me golpea en la cabeza —marica
—vete a la mierda, solo quiero volver a casa, eso es todo
—lo que pasa —grita alguien atrás —es que a Juan nadie lo extraña en su casa —todos reímos, creo que hasta el profesor ríe.
—tiene algo que ver con la muñeca que compraste —Sara se inclina un poco para poder escuchar —o ya cambiaste de gusto
—ese es un regalo para su hermanita —se me adelanta en contestar Mario —Samanta, ¿la recuerdan?
—si, como olvidarla, esta buena —Juan empuja a Marco a su asiento —¿Qué?, es la verdad, se parece a su mamá
—si quieres que te rompa la boca, sigue así —no hay ni pizca de humor en mi voz, pero el muy idiota no lo capta
—no te pongas así cuñado —me pongo de pie —¿Qué vas a hacerme?
—no jodas a Lucas, su hermanita apenas tiene once años, yo te patearía el culo si miras mal a Mía —la hermana de Mario es compañera de Sami —así que cállate la boca de una vez
—cállense todos, o terminan el viaje a pie ­—el profesor se para en medio para calmar las cosas —ya vamos a llegar, siéntese calladitos son menos de quince minutos
Respiro profundamente para calmarme. Quince minutos para ver a mi princesa. Vamos a parar en el colegio pero de ahí es muy corto el camino a casa, la bolsa de regalo la llevo a la mano.
Ya puedo ver a algunos padres parados en la puerta del colegio. Mi papá esta hay con Brian, pero solo con él. Ni siquiera ha parado el bus cuando estoy en la puerta, el profesor me pide que me siente pero no le hago caso, en cuanto se abre la puerta salgo de un salto y voy a buscarlo.
—hola papá —lo abrazo —hola hermanito, ¿Dónde están?
—será mejor ir a casa, hay te lo cuento
A papá se le ve triste, tiene los ojos hinchados, como si hubiera llorado. Me detengo a su lado, miro a Brian, pero él me agacha la mirada.
—dime ahora, por favor
—su papá regreso —Brian no me mira —y se los llevo
—¿Qué? ¿Por qué? —tengo un dolor en el pecho que jamás había sentido —papá, dime todo ahora
—Susana tuvo un accidente, parece que estaba borracha —caminamos a casa mientras papá me cuenta —Andrés llevo abogados a casa, el tiene ahora la custodia de los tres, lo siento
—se la llevaron... —el decirlo solo hace que el dolor aumente —se la llevaron papá
—se llevaron a los tres —Brian se ve molesto, él y Mateo eran más unidos que ninguno de nosotros —y tu solo preguntas por tu princesita
—no me jodas Brian
—crees que no sabía lo que pasaba, todos en la casa lo sabíamos —Brian nos pasa a papá y a mi —hasta Sebastián lo sabia
Me quede sin palabras. Lo sabían, ellos lo sabían. Miro a papá y él me sonríe triste. El sí que lo sabía.
—te lo dije hijo —me pasa el brazo por los hombros —ella te rompería el corazón
—ella no me rompió el corazón —me rehusó a llorar, no ahora, no aquí —Andrés me rompió el corazón, a mí y a Sami
Al llegar a casa me encierro en la habitación de Sami. Me abrazo a su almohada y lloro. Se llevaron a mi princesa y no estuve aquí para impedirlo. El cajón de su mesa de noche esta la muñeca de trapo que siempre llevaba. La dejo para mí con una nota, ella me dejo algo. Lo guardo todo en la bolsa de regalo que compre durante el viaje. 

Melocotón loco, Megan Maxwell

Ana y Nekane regentan un estudio de fotografía en el casco antiguo de Madrid. Un día se declara un incendio en su edificio y, aunque están acostumbradas a trabajar con modelos de lo más glamurosos, no pueden dejar de sorprenderse ante aquellos valerosos «machomanes» vestidos de azul que no se preocupan porque su pelo se encrespe ni sus manos se ensucien.

Cuando el objetivo de la cámara de Ana se centra en Rodrigo, su corazón le indica que ya nada volverá a ser igual. Él se da cuenta de lo embobada que lo está mirando y, a pesar de que no le gusta, inician una extraña amistad. 

Todo se complica cuando Ana descubre que está embarazada y Nekane la anima a que cumpla su fantasía sexual con el bombero antes de que la barriga, las estrías y los vómitos matinales se manifiesten y lo espanten. 

Pero una mentira de Ana a sus padres ocasionará un sinfín de enredos y situaciones alucinantes que dejarán a Rodrigo sin habla.


lunes, 14 de diciembre de 2015

Capítulo 12

Otra vez tú
—mañana a esta hora estaré frente al mar —pase la mano por la espalda de Sami —me gustaría que pudieras venir conmigo
—se que suena tonto, —Sami se abrazada con más fuerza a mi cintura —pero te voy a extrañar
—para mí no suena tonto —la tomo por la cintura y la coloco sobre mi —yo también te voy a extrañar —ella se acomoda sobre mí con una pierna a cada lado —no Sami, no hagas eso 
—¿hacer qué? —es tan inocente —a mí me gusta abrazarte así, ¿Por qué a ti no? —se recuesta sobre mi y hunde el rostro en mi cuello. Que Dios me ayude
—me gusta —la jalo hasta que queda sentada sobre mi cintura, pero ella se remueve y regresa a su posición anterior —solo que ahora no
—no sé porque... —sus ojos se abren mucho y un color rosa cubre su rostro cuando ella se mueve sobre mi erección, pero no se aparta. Me voy a ir al infierno  
—lo siento —trato de moverla pero sus manos se ponen sobre mi pecho y su trasero se frota sobre mí una vez más —Sami, detente
—¿te duele? —su pregunta viene acompañada de una curiosa mano sobre mi —¡lo siento! —ella quita su mano cuando doy un respingo
—no me duele —la tomo por la cintura y la bajo de mi —pero no deberías tocarme así —sus ojos se fijan en mis pantalones y se sonroja mas, no pensé que eso era posible
—a veces, cuando duermes conmigo, despiertas así —me tapo con la almohada —y cuando te toco parece gustarte
—¡¿tú me tocas?! —ella se muerde el labio y asiente —no lo hagas Sami, no está bien
—yo vi Mateo el otro día
—lo viste, no entiendo
—yo no quería verlo —ella se removió inquieta. Esto no me iba a gustar —pensé que estaba sola en casa cuando escuche un ruido, fui a su habitación y lo vi con su novia y ella... ella  lo tocaba
—¿Qué? ¿Cuándo fue eso?
—hace uno días, no recuerdo cuando y —por fin levanto la vista y me miro a los ojos —yo pensé que eso te gustaría a ti —su voz se va apagando a medida que habla
—¿quieres la verdad?
—siempre
—claro que me gusta que me toques —un brillo en sus ojos me hace alucinar con cosas que no debería querer hacerle —pero no está bien que lo hagas
—¿tu lo haces? —se arrastra hasta quedar frente a mi
—sí, —creo que gruñí —si a veces lo hago, pero tú no debes hacerlo. Me prometes no hacerlo otra vez
—a mí también me gusta tocarte —se sentó sobre la almohada que había colocado sobre mi regazo —pero si eso te molesta, nunca más lo hare
—gracias —con la almohada en medio, no había problema en que ella se sentara sobre mí. La abrace por la cintura y le di un beso —ahora dime que me vas a extrañar
—ya te lo dije                                                           
—me gusta oírlo —la puerta de la casa se abrió y resople —se nos acabo el tiempo, ve a tu habitación
Ella me dio un último beso antes de que saliera de mi habitación a la suya.
—hermano —Brian entro y se dejo caer en la cama —¿adivina quien anda preguntando por ti?
—no me interesa
—aun no sabes de quien hablo
—sigue sin interesarme —trate de levantarme, pero me jalo de regreso a la cama —¿Qué?
—¿Qué te pasa?
—a mi nada
—desde hace un tiempo estas raro
—¿raro? —me puse derecho y, sobre todo, alerta —¿raro cómo?
—no sé, raro —se paso la mano tras el cuello —un momento estas distraído, como en la luna y luego estas muy exaltado, o estas molestos con los amigos de Sebastián
—no me había dado cuenta, ¿alguien más lo ha notado?
—todos lo hemos notado —su voz bajo mas —hasta papá se ha dado cuenta, y eso que él anda por las nubes
—mierda
—sí hermano, tremenda mierda —me codeo —¿Quién es ella?
—¿Qué ella? ¿Quién ella?
—ese nerviosismo te delata hermano —me palmeo el hombro
Salió de mi habitación dejándome muy confundido. Si se habían dado cuenta de mi interés o desinterés, ¿se habrían dado cuenta de algo más? Espero que ni Mateo o Sebastián, ellos confiaban en mí, pero por otro lado yo quiero a mi princesa.
Esa noche, como ya habíamos hecho antes, esperamos a que todos se durmieran y entre en su habitación. Ella estaba acurrucada contra la pared, ya se había dormido. Cerré la puerta con seguro y me metí en la cama con ella.
—¿Lucas?
—no te quería despertar —le dije al oído —duerme princesa
—te estaba esperando —dijo metiendo la cara en mi cuello —me gusta cuando me abrazas
—a mí me gusta abrazarte —busque sus labios en la oscuridad —y besarte —la bese profundamente —me gusta estar contigo
Ella rio tan suavemente que parecía más un suspiro, sus pequeñas manos acariciaron mi rostro y se demoraron en mi cabello. Me encantaba que hiciera eso. Después beso un camino de mi boca a mi cuello, se demoro allí. Que dios me ayude.
—espera princesa —ella rio traviesa y mordió suavemente mi piel —me matas
—¿te gusta?
—demasiado —la apreté contra mi —pequeña traviesa
La bese un poco más y luego, con toda la fuerza de voluntad que tengo, solo la abrace hasta que se durmió. La vi dormir hasta que yo el sueño me venció. Me desperté poco antes de que amaneciera, con mucho cuidado me salí de la cama y de la habitación, me metí en el baño y regrese a mi cama.
Esta tarde saldría de viaje de promoción.
Pase por casa de tía Irene, por insistencia de papá, para despedirme. Luego de arregla una pequeña maleta, todos fuimos hasta mi colegio para esperar el bus que nos recogería hay. La mayoría de mis amigos ya estaban esperando ahí, sería un buen viaje.
Cerca de las cinco y media de la tarde el bus llego y para las seis de la tarde todos estábamos listos para salir.
—cuídate mucho —dijo papá dándome un abrazo
—diviértete —me abrazo Brian y me hablo al oído —no te olvides de la playa
—¿la playa?
—la playa, las chicas, los bikinis —Mateo me codeo, el no necesitaba susurrar —hay esta Sara —creo que lo oí suspirar —¿Cómo se verá en bikini?
—no me interesa Sara —Samanta se pego al costado de papá —no me interesa —lo repetí para ella —abrí los brazos y espere, no tardo en venir a abrazarme —te extrañare —susurre a su oído
—diviértete
Quería darle un gran beso, pero teníamos mucho público. Lo tendría a mi regreso. Tendría muchos a mi regreso.
—nos vemos en una semana

Subimos, mis amigos y compañeros, al bus y empezamos el viaje de promo.

La mecánica del corazón, Mathias Malzieu


En la noche más fría del siglo XIX, nace en Edimburgo, Jack, el frágil hijo de una prostituta. El bebé nace con u corazón débil y para salvarlo de colocan un reloj de madera al que habrá que darle cuerda toda su vida. La prótesis funciona y Jack sobrevive, pero debe respetar una regla: evitar todo tipo de emoción que pueda alterar su corazón. Nada de enfados, y sobre todo, nada de enamorarse. Pero Jack conoce a una pequeña cantante de ojos grandes, Miss Acacia, una joven andaluza que pondrá a prueba el corazón de nuestro tierno héroe. Por el amor que siente hacia la joven, Jack se lanzara a una aventura quijotesca que le llevará desde Edimburgo a París, a las calles de Granada, haciéndole conocer las dulzuras y durezas del amor.   

Matar a un ruiseñor, Harper Lee



Jean Louse Finch evoca una época de su infancia en Alabama (EEUU), cuando su padre, Atticus, decidió defender ante los tribunales a un hombre negro acusado de violar a una mujer blanca. Matar a un ruiseñor muestras a una comunidad dominada por los prejuicios raciales, la desconfianza hacia lo diferente, la rigidez de los vínculos familiares y vecinales. Y con un sistema judicial sin apenas garantías para la población negra. Un autentico clásico de la literatura estadounidense del siglo XX que ha cautivado a millones de lectores.



El guardián entre el centeno, J. D. Salinger



Las peripecias del adolecente Holden Caudfiel en una Nueva York que se recupera de la guerra influyeron en sucesivas generaciones de todo el mundo. En su confesión sincera y sin tapujos, muy lejos de la visión almibarada de la adolescencia que imperó hasta entonces, Holden nos desvela la realidad de un muchacho enfrentado al fracaso escolar, a las rígidas normas de una familia tradicional, a la experiencia de la sexualidad más allá del mero deseo. 



viernes, 11 de diciembre de 2015

Capítulo 11

Solo cierra al salir

Una semana después de la visita de Andrés todo en casa se volvió de cabeza, antes de que el llegara a casa todo era amor y corazones ahora estábamos de suerte si no se mataban en el momento en que se veían.
Se suponía que nuestras vacaciones serían las mejores, porque el siguiente año no estaríamos todos juntos, pero las pelas eran cada vez peores y parecía que estaban cada vez más cerca de llegar a los golpes, papá estaba fuera de sí y a Susana no le importaba nada más que ella. Y hoy fue mucho peor. Papá no fue a trabajar, estaba bastante inquieto anoche llegue muy tarde, ya se le estaba haciendo habito, pero no estaba bebido. Cuando Sami llego a abrazarlo la aparto de un empujón.
—¿Qué te pasa papá? —atraje a Sami a mis brazos —¿Por qué la empujas?
—lo siento —balbuceo, estiro una mano tratando de tomar la mano de Sami, pero lo aparte de ella —yo no quería lastimarte.
—estoy bien Lucas —ella se acerco lentamente a papá —¿estás bien papá?
—no princesa —él la rodeo en un apretado abrazo —no creo que nada este bien otra vez —limpio lagrimas del rostro de Sami y se fue a su habitación.
—todo es culpa de mi mamá —gimió ella antes de echarse a llorar.
La ayude a subir y la arrope, me quede con ella hasta que se quedo dormida y no pude moverme de su lado. El verla tan frágil y herida por los problemas de nuestros padres, me dolió verla así.
En la mañana, cuando los rayos del sol molestaban mis ojos, oí su suave risa en mi oído. Sonreí.
—abre los ojos —susurro en mi oído —Lucas —canto —me dio un suave beso en la mejilla —Lucas —más en los ojos —Lucas —uno en la punta de la nariz, pero no llego el que esperaba.
—y mi beso de buenos días
—no hay beso de buenos días hasta que te laves los dientes —sentí la cama moverse y abrí los ojos para verla salir de la habitación sonriendo.
Después de tener mi beso de buenos días, la deje ir a preparar el desayuno. Fui por el pan y cuando volví todos estaban en la casa. Todos.  
—¿Qué haces aquí? —papá se paseaba de un lado al otro
—mis hijos están aquí
—ahora te preocupas por ellos
—¡mami! —lloro Sami
—Samanta, deja de gemir y ve por tus cosas
—¿Qué está pasando? —pase a Susana y rodee a Sami en un protector abrazo —tranquila princesa
—llévate a Samanta arriba —papá giro sobre sus talones y vi a los demás ahí parados —ustedes también vayan arriba.
Todos nos movimos rápidamente. Los gritos nos siguieron arriba.
—¡¿Qué esperas qué?! —grito Susana —son mis hijos y nos los dejare contigo
—sé lo que pasa Susana y no se irán de casa y menos con ese tipo…
Puse la radio a todo volumen y me gire hacia mis hermanos, todos mortalmente serios.
—¿Qué crees que pase? —Sebastián tenía a Sami en sus brazos, él odiaba verla de esta manera tanto o más que yo.
—no lo sé
—papá no dejara que ella nos aleje —Brian lo dijo con tanta convicción que hasta yo lo creí
No salimos de mi habitación hasta que papá vino por nosotros. Luego fuimos a comer a la calle y volvimos a tiempo para ver una buena película en la tele. Papá dio un sonoro bostezo.
—puede que ustedes no tengan que levantarse temprano, pero yo si —se estiro en el sofá antes de ponerse de pie —buenas noches
—papá —llamo Sebastián —ya se durmió
Papá sonrió y con mucho cuidado levanto a Sami y la llevo a su cama. Sebastián y Mateo se quedaron viendo la tele, y Brian y yo subimos a nuestras habitaciones. Me metí en la cama y espere a que mis hermanos subieran también antes de colarme a la cama de mi princesa, pero debí estar muy cansado por qué me dormí.
—¡LARGO! —me senté de golpe un poco desorientado al principio, entonces un grito más me despertó completamente —¡fuera de aquí!
Corrí a ver a Samanta pero no estaba en su habitación, me imagine cualquier cosa. Estaba a punto de bajar las escaleras en su búsqueda.
—está aquí —Mateo se froto los ojos con cansancio —se metió corriendo y se tiro sobre Tian
—¿está dormida? —nos encogimos ante una nueva tanda de gritos e insultos —solo quería saber donde estaba
Mateo se tapo los oídos con las manos y arrugo el rostro con fuerza. Me acerque a él y lo abrace, estaba por alejarme cuando un fuerte golpe nos sobresalto.
—¿bajamos a ver? —me pregunto
—¿Qué mierda fue eso? —Brian se paso las manos por la cara —¿papá esta solo? —dijo mientras bajaba las escaleras Mateo y yo fuimos tras él
—¿A dónde va Brian? —me di vuelta para ver a Sebastián en la puerta de su habitación con Samanta abrazada a su lado, llorado, odio que llore —¿A dónde van ustedes?
—bajamos a ver a papá —Mateo y Brian gritaron lo que hizo a Samanta llorar mas
—ve a dentro y no salgas de ahí —le dijo a su hermana, pero ella no se movió lo vio con unos enormes ojos llorosos que no pudieron hacer mucho —hazme caso —pidió
—por favor… —sollozo Samanta.
Se veía tan frágil y su voz sonando pequeña, me quebró. Me acerque a ella y tome su rostro en mis manos, tan cerca que casi podía sentir el dulce sabor de sus labios.
—princesa ve a la cama, por favor
Ella suspiro y se dio vuelta alejándose de nosotros.
—¿Qué fue eso? —la voz de Sebastián era confundida, no quería hacer esto ahora
—Sebastián… —empecé
—hay esta otra vez —camino hasta la escalera y ahí fue cuando lo oí.
Bajamos corriendo para ver a papá, Mateo y Brian echar a un tipo, que me parecía familiar, de casa. Susana estaba pegada a la pared.
—Mateo, ve por tus hermanos —ordeno ella
—¿Quién es él? —señalo al tipo que estaba de pie en la puerta
—te lo explico después, ahora ve por tus hermanos —grito —¡AHORA!
—ellos no se van —papá se coloco protectoramente frente a nosotros —si te quieres ir te irás pero sola
—Sebastián —ella estiro la mano llamando como cuando era bebé —ven con mami corazón —Sebastián se paro tras papá —¿Dónde está su hermana?  
—Sebastián la dejaste sola —acuso Mateo
—yo voy a verla
Subí las escaleras de dos en dos, no me gustaba que estuviera sola y asustada. La busque en la habitación de Sebastián, pero no estaba entonces empecé a ir de habitación en habitación la mía al final. Los gritos de ellos llenaban la casa. Sami se había metido en mi cama, pegada a la pared. Se tapaba los oídos con las manos y no dejaba de llorar. La abrace con fuerza, odiaba verla llorar pero nada podía hacer.
Cuando los gritos cesaron afloje el agarre en Sami, pensé que dormía y me separe despacio para no despertarla. Estaba por bajar de la cama cuando su mano tomo la mía.
—no te vayas, tengo miedo
—solo iré a ver a que pasa —la tape con la frazada hasta la barbilla —no tardare
Baje a la sala donde papá estaba sentado llorando en silencio con la cara cubierta con sus manos. Toque su hombro, pero no levanto la cabeza de sus manos. Mis hermanos tampoco estaban ahí, pero no los busque.
—ella se ha ido —suspiro —se fue con otro, se quería llevar a los chicos pero no la deje, igual se fue
—¿Por qué se fue? —pregunte mas para mí mismo, pero papá igual me contesto
—porque quiso irse —se froto los ojos —cuidado hijo ella te romperá el corazón, se parece a su madre
—no entiendo
—si lo haces, los he visto y sé que me entiendes
Se puso de pie y subió las escaleras despacio, a mitad del camino me hablo sin voltear
—ponle seguro a la puerta, no quiero que ella vuelva a esta casa
Hice lo que me pidió y regrese con Sami. La vi acurrucada en la cama y supe que papá estaba equivocado, ella jamás me rompería corazón. Cerré la puerta tras de mí y le puse seguro. Me metí en la cama con ella, gimió y abrió los ojos.
—no quería despertarte, duerme princesa
—¿dormirás conmigo?
—toda la noche
—me besas

No tuvo que repetirlo, gustoso la besaría las veces que fueran, siempre que quisiera. Tenerla en mis brazos se sentía correcto, no había otro lugar para que ella este mejor.

Respiren profundo…


¿sienten eso?
No, el aroma a navidad que está en todas partes…




Bueno, si no lo sientes en el ambiente debes tener en mente una visita al doctor, porque hasta los Minions y los Stormtroopers sienten el espíritu navideño… 





Sugar Rush, Belle Aurora

Max Leokov ha visto a la gente que le rodea encontrar el amor.    
En cierto momento en su vida, no sólo quería eso, sino que vivió para ellos.    
Una vez amó. Amó con todo su corazón.     
Y con su corazón roto, tuvo que cuidar de su hija pequeña.   
Se merece una segunda oportunidad.      
Helena Kovac ha pasado años estudiando.     
Se ha roto el culo para obtener su título.     
No tiene tiempo para el amor. Demonios, no tiene tiempo para perder el tiempo.      
Los libros y el trabajo son su vida. Todo lo demás está en segundo lugar.    Cuando Max y Helena se unen para yudar a su hija, Ceecee, son sorprendidos por la chispa que surge entre ellos.    
Un cínico.      
Una adicta al trabajo.   
Cuando el amor golpea, golpea duro.
Y a veces, el amor duele.
Friend-Zoned 3     


Love thy Neighbour, Belle Aurora




Asher “Ghost” Collins y Natalie Kovac compartieron una noche de pasión. Ninguno de ellos puede olvidarlo.
Por tanto ¿Por qué es tan difícil para ellos estar alrededor el uno del otro?
Sin ninguna esperanza de poder llevarse bien, deciden ir por caminos separados. Y, de alguna manera, llegar a ser más cercanos que nunca. ¿sera la amistad suficiente para la pareja?

Friend-Zoned 2

Friend-Zoned , Belle Aurora



Nikolai Leokov nunca pensó que se enamoraría de la única chica con la que ha hecho amistad.
Valentina Tomic tiene problemas para comprometerse después de sufrir la máxima traición. Cuando Tina decide hacer algo para mejorar el día de Nik, ella no pensó que terminaría haciéndose amiga de ese duro hombre.
Nik nunca tuvo cerca una mujer tan cariñosa que no esperase nada a cambio.
Nik y Tina te invitan cordialmente a leer Friend-Zoned, una historia de amistad, humor y amor.


Friend-Zoned 1

sábado, 5 de diciembre de 2015

Capítulo 10

¿El amor?
Papá y Susana tuvieron una fuerte discusión después que, Andrés, el padre de Sami se fuera de casa. Los gritos e insultos volaron hasta que Susana tomo su cartera y salió de casa.
—¿papá? —me acerque a él, que estaba en la cocina —¿Qué paso?
—nada de lo que debas preocuparte
Ni me miro cuando pasó por mi lado y salió de la cocina. No lo seguí, se veía cansado y un poco ido. El odiaba pelear y odiaba mas odiar.
Subí y antes de ir a mi cama a dormir fui a la habitación de Sami, solo quería saber cómo se encontraba. Ella estaba aun muy sorprendida de que su padre apareciera ahora.
—princesa —cerré la puerta tras de mí —¿estás mejor?
—¿Por qué ahora?
—no sé
—dijo que me quería cerca —se mordió el labio inferior nerviosa —él es mi papá y nunca supe de él hasta hoy
—lo sé princesa, pero tú no debes preocuparte por nada
—quiero que vuelva —lo susurro tan bajo que casi no la oí, casi.
—¿Qué? —parpadeé varias veces —¿quieres verlo de nuevo? —asintió —¿quieres irte con él?
—¡NO! —grito, le tape la boca —no me quiero ir —susurro, rodé los ojos y ella me dio un golpe en el brazo —solo quiero conocerlo, nada más.
—pero el querrá que vayas con él
—olvida que te lo dije
—siempre me importa cómo te sientes —la atraje a mis brazos —y creo que te entiendo, pero no quiero que te alejen de mi
—yo tampoco quiero
La abrace en la cama y le di dulces besos. En algún momento de la noche me quede dormido. Lo siguiente que supe es que estaba siendo sacudido por pequeñas y dulces manos.
—despierta —susurraba —van a venir y te van a ver
—no quiero —me queje y jale sus manos hacia mi —ven a la cama, esta calentita
—abre los ojos
—mmm…
—ya es de día
—mmm…
—Lucas —me dio golpes con algo suave, me dio risa —arriba
Abrí primero un ojo y vi a Samanta con el peluche que le di lo usaba como arma, se veía dulce, a pesar de su pequeño ceño fruncido. La luz que se filtraba por la ventana la hacía verse como un pequeño ángel.
¿La luz? ¿La luz del sol? Ya era de día, mierda, me dormí y ya amaneció. Me puse derecho rapidísimo.
—ya era hora de que te levantaras —me riño
—perdóname —me frote los ojos y sonreí —dormimos juntos —una sonrisa dulce se abrió paso en su rostro —ven aquí y dame un beso de buenos días
—no —negó enfáticamente con la cabeza —no te has lavado los dientes
—¿no me vas a besar?
—no
Levante el dedo índice mientas salía de la cama y la habitación.
—volveré —advertí
Pase corriendo, en la punta de mis pies, hasta mi habitación y, luego de tomar mi cepillo, al baño. Me lave los dientes y antes de volver a mi habitación pase por mi beso de buenos días.
—¿estás listo? —Mateo golpeo la puerta de mi habitación —vamos tarde, nos quedamos dormidos
—Sebastián ¿Dónde está?
—en su cama —señalo hacia la puerta cerrada —papá no quiere presionarlo —se acerco para hablarme más bajo —no quiere que ninguno de nosotros salgamos de casa.
—entonces —señale su obvio uniforme de colegio —¿Por qué estas vestido y listo?
—por qué no quiero quedarme en casa
—¿Dónde está Sebastián? —Brian estaba comiendo una manzana, el nunca comía fruta en la mañana —mamá no volvió
—ya lo sé —me queje —me quede con papá anoche y no vi entrar a Susana
—estoy seguro que cuando volvamos del colegio ellos ya se amistaron —aseguro Brian —ahora vámonos y ¿Dónde está Sebastián?
—él y Sami se quedan hoy
—yo también estoy triste —se quejo Brian y puso cara de bobo
—tú no jodas —le advertí, me gire hacia Mateo —¿estás seguro?
—sí, me pondría enfermo si me quedo en casa
—yo también voy a clases —Sebastián se veía serio, muy serio —no puedo quedarme aquí —ajusto su morral —no quiero quedarme solo y pensar en… en lo que paso
—¿tú te quedas? —mire tras de mi sabiendo a quien le estaba hablando Brian.
—papá estará solo, no quiero dejarlo solo.
Todos asentimos de acuerdo.
—bajen a tomar desayuno —les pedí, mantuve la mirada en Sami
—pero nadie ha preparado nada de desayunar —se quejo Brian
—pues busca lo que sea o prepárate algo de desayunar
No discutieron conmigo pero tampoco estaban muy contentos. Espere a que la puerta de la cocina se abriera y cerrara antes de llevar a Sami a mi habitación.
—Por qué no vas a estudiar —le sugerí —la distracción te hará bien.
—papá se quedara solo, no me gusta que este solo —puso un dedo en mis labios frenando mi respuesta, bese sus dedos —cuando esta triste, y esta triste.
La abrace y bese.
—estaré en casa tan pronto como pueda —e di un último beso antes de salir —pero si Susana vuelve y las cosas se ponen feas ve a casa de tu tía.
—ella no puede verme siquiera.
—entonces ve a casa de mi tía Irene.
—ni siquiera voy a contestar a eso.
—entonces solo sal de la casa hasta que yo vuelva —ella se cruzo de brazos y golpeteo la punta del pie repetidas veces —solo hazlo, por favor. —rodo los ojos pero asintió —gracias.
Me fui un poco más tranquilo. Pero en cuanto llegue al colegio miles de cosas pasaban por mi cabeza. No pude estar tranquilo en toda la mañana, mi cabeza estaba llena de Samanta.
¿Si Susana ya estaba en casa?
¿Si ella y papá estaban peleando?
¿Qué estaba haciendo Sami?
—¡hermano! —levante la cabeza y mire hacia la cabeza que se asomaba por la puerta de mi salón de clases —¿Qué haces aquí?
—es mi salón —gruñí
—ni lo miren —advirtió Mario —a estado de malas desde que comenzó el día.
Vi molesto como me rodearon, o a la mesa, y me quedaron viendo fijamente.
—¿Por qué estas molesto? —pregunto Paula mientras se dejaba caer en la mesa del lado
—no me molesten —cruce los brazos sobre la mesa y metí la cabeza entre ello. Los oí susurrar.
—¿Qué le pasa?
—¿paso algo en su casa?
—ha estado molesto desde ayer
—¿tienen problemas en casa?
—¡basta! —grite —dejen de hablar como si yo no estuviera aquí, los oigo y es molesto.
—entonces dinos que te pasa —se quejo Paula dejándose caer en el asiento a mi lado —te podemos ayudar.
—¿quieren ayudarme? —todos dijeron que si —entonces déjenme solo y tranquilo.
—eres tan aburrido
El timbre me salvo de tener que aguantarlos por más tiempo. Cuatro horas más para ir a casa. Juro que fueron las más largas de mi vida.
Para cuando el colegio había terminado estaba en un estado de hostilidad tal que mis hermanos caminaron a una distancia prudente de mí. No dejaban de susurrar y echarme miradas preocupadas, me estaban molestando, más de lo que ya estaba.
Ver la casa hizo todo mi día mejor.
—¡ya llegamos! —grite en la puerta
—justo a tiempo —Sami asomo la cabeza por la puerta de la cocina y me sonrió, y el mundo estaba bien —el almuerzo está a punto de estar listo.
La mire con su delantal puesto esperándome con la comida hecha, me hizo sentir algo en el pecho. Un calor que se expandió por todo mí ser, que mariconada. Pero me imaginaba que esto era mi futuro, como si fuera un video lo vi pasar mi dia a dia, ella en casa esperándome a mi. Era un mundo perfecto.
—¿mamá volvió? —Sebastián me paso y se metió en la cocina —que rico se ve.
—¡no metas las manos en la comida! —grito Sami.
—¿Dónde está papá?
—¡Brian! —regaño ella —lávense las manos —oí las ollas sonar y Samanta salió de la cocina —ayúdame Lucas.
Sacudí la cabeza y me obligue a salir del trance de mi fantasía.
—muévanse —empuje a mis hermanos —ahora —advertí, me volví a Sami —¿Dónde está papá princesa?
Ella vio a mis hermanos irse y luego sonrió tímidamente.
—papá salió —la abrace y ella me rodeo la cintura con los brazos.
—te extrañe
—solo fueron unas horas
—pero igual te extrañe —pensé un momento lo que quería preguntar, pero no me atreví, ella me salvo —mamá no ha vuelto
Nos separamos cuando oímos a los demás bajando por las escaleras.
—las manos limpias —Sebastián puso las manos frente a la cara de Sami y ella le dio un manotazo —ahora comida.
Tan dulce y linda como era mi princesa no esperaba un por favor de nuestra parte, puso la mesa y sirvió la comida. Después amenace a los demás para que lavaran los platos, lo hicieron, no muy contentos, pero lo hicieron. 
Cuando papá llego era más tarde lo habitual y era obvio que había estado bebiendo. Sami bajo corriendo a ayudarlo pero la frene.
—déjame a mi princesa
Lo ayude a llegar a su habitación y lo arrope. Luego fui a la de Sami y me quede un buen rato y luego, con toda mi fuerza de voluntad, me fui a mi habitación a dormir.

Susana no volvió hasta el otro día en la noche y volvió a discutir con papá, siempre que peleaban Susana terminaba donde su hermana. Se queda con ella un par de días y luego vuelve a casa. Con ella fuera y papá tan distraído no hay problema de meter a Sami en mi cama o de meterme yo en la suya.