sábado, 28 de noviembre de 2015

Capítulo 9

Andrés
Cuando la campana de la salida sonó, ya tenía mi mochila colgada al hombro. Me apresure a la salida, ahí esperaría a mis hermanos. A mi espalda oí un silbido, Mateo, lo reconocería donde sea.
—¿pasamos por los gemelos? —Mateo me palmeo la espalda cuando llego a mi —papá va estar ahí.
—esperemos a Brian
No tuvimos que esperar mucho, Brian llego pavoneándose con sus amigos. Unos eran incluso de último año, Brian era popular. Algunos eran nuestros amigos también, pero no éramos cercanos, no como lo eran con Brian.
—¡date prisa! —grito Mateo
Brian se despidió de sus amigos y nos alcanzo.
—¿vamos a ver a los gemelos?
—sí, vamos de una vez —lo empuje juguetonamente con el hombro y camine rápido hacia el colegio de los gemelos. 
El colegio de los gemelos estaba de camino a casa. Cuando Susana se mudo a nuestra casa los gemelos y Mateo ya iban a una escuela. Pero Mateo estaba tan encariñado con Brian que se negó a ir a una escuela distinta, papá trato de obligarlo pero él no cedió, incluso escapo de su escuela para ir a la nuestra. Y así es como terminamos en distintos colegios.
La puerta del colegio estaba abierta. Y como nadie vigilaba, entramos.
—no veo a papá —Brian se levanto en la punta de sus pies y se estiro lo mas que pudo —¿estás seguro que estamos a tiempo?
—si estoy seguro —busque con la mirada a Sami —él me dijo que estaría aquí con ellos, ¿ves a los gemelos?
—no, pero hay esta su profesora —Mateo señalo a la profesora Julia Gallo —yo no voy
—como si ella quisiera verte de nuevo —me enderece la corbata y le di mi mochila —coge eso un momento
Me acerque hasta la profesora y le sonreí.
—buenas tardes, miss Julia
—buenas tardes, —ella me miro de arriba a abajo —dígame
—estoy buscando a los gemelos Fernández —volví a buscarlos con la mirada —se suponía que les entregarían un diploma hoy, ¿llego tarde?
—no, su padre ya se los llevo —ella volteo al oír que la llamaban —el nos explico los motivos urgentes por los que se los llevaba, si me disculpa
Asentí y me volví para irme con mis hermanos antes de que una de las profesoras si me reconozca.
—¿Qué te dijo? —Mateo camina a mi lado a la salida, donde ya nos espera Brian —te dije que era más temprano
—papá se los llevo temprano —¿motivos urgentes?
—¿Por qué? ¿paso algo malo?
—¿están o no? —Brian me codeo —¿escuchaste bien a papá? ¿no era más temprano?
—no, ya se fueron. Vamos a casa.
Caminamos a casa. Trate de seguir la conversación que ellos tenían, pero me fue imposible prestarles atención. Mi cabeza daba vueltas pensando en todas las posibilidades para que papá se llevara a los gemelos. Y si Sami está enferma, si se siente mal por algo.
—¿y ese carro? —mire a Mateo —ese carro, ¿de quién será?
—no sé, no lo había visto antes
—¿tía Nuria? —pregunto Brian  —dijo que vendría
—pero no sé cuando —no podía ser tía Nuria, al acercarnos escuchamos a Susana gritar y nos miramos —eso no es bueno
Casi tumbo la puerta al abrirla. Hay estaba Susana gritándole a un tipo que nos daba la espalda
—no tienes ningún derecho... —se quedo mirando a Mateo fijamente —sube a tu habitación
—basta ya Susana —papá le grito desde la parte alta de las escaleras —asustaste a los gemelos, ¿quieres asustar a Mateo también?
El tipo volteo y miro fijamente a Mateo, antes de que una sonrisa aparezca en su rostro. Se acerco despacio, como si temiera asustarlo
—Mateo, ¿me recuerdas? —el negó con la cabeza —lo temía, tenías apenas tres años cuando se fueron de casa
—basta Andrés, no quiero que confundas a mi hijo
—también es mi hijo Susana y tu ya hiciste bastante confundiéndolo, ¿no crees? —levanto la vista para ver a papá a bajar seguido de un chico bastante parecido a Sami —¿Cómo están?
—Sebastián está más calmado, pero Samanta aún no abre la puerta
—¿Qué le pasa a Sami? —todos me miraron —¿Dónde está Sami? —corrí a las escaleras —papá
—en su habitación, pero está muy nerviosa trata de no alterarla mas
Subí las escaleras de dos en dos y corrí hacia su habitación.
—Sami —toque suavemente la puerta —Sami, soy Lucas, ábreme la puerta —toque un poco mas fuerte
—¿estás solo? —su voz estaba ronca por haber llorado, odiaba que llorara —no quiero ver a nadie, no ahora
—estoy solo, Sami por favor abre te prometo que nadie más va a entrar
La puerta se abrió solo un poco, y ella se asomo para ver. Luego la abrió un poco más y me jalo adentro cerró la puerta con seguro una vez más y me abrazo con fuerza llorando en mi pecho.
—no los dejes, Lucas yo no quiero... —balbuceaba al llorar —no quiero
—no te entiendo —la lleve hasta la cama y la senté —cálmate y dime que pasa
—ese señor —susurro despacio —vino llevarnos con el
La abrace con fuerza. Creo que había oído mal, tenía que haber oído mal, nadie me iba a separar de Samanta, no los dejaría hacerlo.
—nadie va a llevarte, princesa, no los voy a dejar
—¿de verdad? —ella levanto su llorosa cara de mi pecho —¿lo prometes? , yo no me quiero ir, no quiero estar lejos de ti
En su mesa de noche había una caja de pañuelos, la tome y se la di. Ella la recibió y empezó a limpiar su rostro.
—yo tampoco te quiero lejos, Sami
—pero el dijo...
—no me importa lo que él diga —tome su mano —créeme no dejare que te lleven lejos de mí, te quiero demasiado princesa
Sonríe con los ojos llorosos y aún así es hermosa. Se inclina hacia adelante y me besa suavemente en los labios, es apenas un toque de los suyos sobre los míos, pero me deja sin aliento.
—eres tan hermosa —acaricio sus mejillas
—mentiroso —agacha la mirada y juega con los botones de mi camisa —me veo horrible
—yo te veo hermosa, princesa —tomó su rostro en mis manos —¿puedo besarte?
Riendo se inclina y me besa una vez más. La empujo suavemente para que se recueste en la cama y me recuesto a su lado apoyándome sobre mi codo.
—no así, princesa —le doy un beso en la barbilla y voy subiendo hasta su oreja —un beso de verdad
—me gusto cuando me besas
—a mi también
Con cuidado la beso moviendo mis labios lentamente con los suyos, cuando suspira aprovecho que su boca se abre para desliar mi lengua. Su lengua tímidamente toco la mía haciéndome gemir. Ella se apretó a mi lado y tuve que romper el beso.
—¿Qué pasa? —pregunto sin aliento —¿Por qué te detienes? ¿lo hice mal?
—no princesa —me reí —estuvo bien, muy bien —escondí la cara en su cuello y la bese —solo necesito un momento
La abrazo respirando su perfume, es el que le regale en su cumpleaños. Sus manos acarician mi cabello. El momento es perfecto, y un golpe en la puerta lo destruye.
—¿puedo pasar? —Susana toca la puerta una vez más —Samanta ábreme por favor
Me siento y jalo a Samanta para que haga lo mismo. Ella me sonríe tímidamente, le devuelvo la sonrisa.
—Samanta, ¿me oyes? —toca la puerta un poco mas fuerte
—voy a abrirle
—no le abras —ella aprieta mi mano  —tengo miedo
—no me voy a ir —la tranquilizo
Abrí la puerta para Susana, pero no estaba sola, él estaba con ella.
—¿puedo pasar? —preguntó
—no quiero —advirtió Sami  
—Samanta compórtate —Susana se sentó en una silla frente a la cama de Sami —pasa, Lucas puedes irte
—no te vayas —las lagrimas empezaron a correr por su rostro —no me dejes, por favor
—no seas ridícula Samanta, suelta a Lucas de una vez
—no le grites a la niña, la estas asustando —el tipo entro en la habitación —no tienes que irte muchacho, pero no le hare nada
Me senté tras Sami y ella se recostó contra mi pecho.
—ya hable con tu hermano Sebastián, sé que esto es muy complicado de entender —el estiro la mano para tocar a Sami, pero ella retrocedió mas, negué con la cabeza y el asintió —yo no quiero llevarte lejos, solo quiero que me conozcas
—puedes venir a verme aquí ­—susurra Sami
—no puedo Samanta, yo no vivo aquí —mira a Susana, pero ella solo se hace la que mira lejos —¿no quieres venir a mi casa de vacaciones?
—no, no quiero —ella es firme en sus palabras, no puedo evitar torcer los labios en una media sonrisa —si no puedes venir, lo siento pero yo no quiero dejar a mi papito
—el no es tu padre —se sentó sobre sus talones frente a Sami —Samanta yo soy tu padre y te quiero —la miraba desde abajo —solo quiero que conozcas a toda tu familia, a tus tíos y primos, a tu hermano Bruno
—te pareces a mi —Sami paso su mano por las mejillas de el —tus ojos, tu nariz —ella le sonrió, no necesitaba verla para saber que lo hizo, por la forma que el la miraba ahora sabia que ella lo hacía —tu nariz es igual a la Tian      
—si Samanta —sonrió —claro que nos parecemos, tu eres mi pequeña, no sabes cómo te he buscado a ti y a tus hermanos 
—basta Andrés, no confundas a la niña —Susana miro la hora en su reloj y se puso de pie —ya oíste que ella no quiere ir contigo
—yo no la confundo y dame más tiempo, me lo debes
—yo no te debo nada —ella se cruzo de brazos —tu me debes mucho, me robaste a mi hijo, yo solo me asegure que no pasara lo mismo con los otros
—Susana cuida tu boca... —él, Andrés, se puso de pie —no digas nada mas frente  al niña o...
—¿O qué? ¿Qué vas a hacerme? —Susana lo apunto con un dedo —tu vas a golpearme
Sami dio un grito ahogado haciendo que Andrés le preste atención. 
—eso no es verdad —el retomo su posición frente a Sami —no es verdad Samanta lo prometo
—mentira Sami, por eso hui lejos de él —Susana sabía lo que hacía —trate de irme con Bruno, tu hermano, pero él se lo llevo y lo escondió no sé donde
—¡cállate Susana! —grito Andrés parándose como un resorte 
—por eso me fui, ni siquiera estamos casados —Andrés empujo a Susana que hábilmente cayó al suelo —lo ves Sami, el es malo
—¡vete no te quiero! ¡papi! ¡papi! —gritaba Sami
Papá entro corriendo seguido de Mateo, Brian, Sebastián y Bruno. Papá ayudo a Susana a ponerse en pie.
—él le pego a mamá —Sami se puso de pie y corrió a abrazar a papá —papi no dejes que me lleve
—nadie te hará nada, váyase de mi casa ahora
—no me puede impedir ver a mis hijos —Andrés trato de acercarse a Sebastián, pero este lo rechazo poniéndose del lado de Sami, luego trato de tomar la mano de Mateo pero el solo dio un paso atrás —esto es lo que querías, poner a mis hijos en mi contra
—tú solo los pusiste en tu contra —ella tomo la mano de Mateo y lo atrajo a sus brazos —no ganaras nada pegándole a su madre
—yo no...
—papá será mejor irnos —Bruno miro a todos y se detuvo en Sami, no me gusto la forma en que el la miro —ya se darán cuenta de la verdad con el tiempo
—hijo no te despides de tu madre —Susana estiro la mano que tenía libre, pero Bruno la golpe apartándola —vez Andrés tu pusiste un hijo mío en mi contra, no te quejes de los resultados de eso
—es una amenaza —siseo Andrés
—no, es una demostración —dijo Susana totalmente calmada —tres contra uno, ¿Quién está en desventaja?
—hablare con mis abogados
—tráelos, y que le pregunten a los niños que paso en esta habitación —Susana sonrió con maldad —hasta tu sabes que no podrás contra eso. Desiste, son mis hijos, nadie los apartara de mi, hare lo que tenga que hacer
—eso ya lo se
Andrés paso junto a Brian al irse, Bruno miro una vez a Susana y se fue tras su padre.
—tenemos que hablar Susana —el tono de papá no me gusto —ahora
—sí, no te preocupes, dame un minuto

Papá le dio un beso a Sami y la dejo en la cama una vez más, me tomo del brazo y llevo fuera de la habitación. Bajamos y nos dejo a Brian y a mí en la sala.

viernes, 27 de noviembre de 2015

Capítulo 8

¿Y después qué?
Poco menos de un mes para el fin de año. Para que terminara el colegio. Sinceramente no sabía que debía hacer a continuación, pero no me gustaba la idea de alejarme demasiado de Sami.
La primera clase era la de matemáticas, pero el profe ya se había rendido con nosotros. Solo puso unos ejercicios en la pizarra y se sentó en su escritorio para atender a los únicos que estaban interesados.
Nuestra tutora, la profesora Alegria, no estoy jodiendo así se llama en verdad, pidió disculpas y se paro frente a clase.
—¡escuchen! —grito la tutora —cállense y escuchen
El salón bajo u poco el volumen de la bulla, pero para nada se quedo en silencio. La tutora  no esperaba mucho después de todo.
—ya sabemos a dónde los llevaremos de viaje de promoción —ella movió las vamos en un intento vano para calmarnos —vamos a visitar Trujillo, toda una semana —los gritos solo aumentaron ante el anuncio —ahora hay una lista de personas que no pueden ir
Ella desdoblo una hoja y recito algunos nombres y el porqué no irían con nosotros al viaje. No le preste atención.
—una semana —me codeo Mario —te imaginas
—sí —dije con una enorme sonrisa —sol, playa y arena. La mejor semana de mi vida.
—mierda —gruño bajito Paloma —me falta plata
—¿Por qué? —curioseamos
—me la tire
—¿Cómo les dirás a tus papás? —ella se encogió de hombros —ya te cagaste
—gracias —se hundió en su asiento —estoy jodida
Después de eso no dijo nada más.
—todos los que nombre —volví mi atención de nuevo a la tutora —tienen hasta la clausura para ponerse al corriente o para hacernos saber si van o no
Se disculpo una vez más con el profesor y se fue. Y así seguimos con lo que quedo del día.
Como era costumbre espere por mis hermanos, Brian y Mateo, para juntos ir por los gemelos a su colegio.
—Adivinen —solté casualmente —¿A dónde voy de viaje de promo? —Samanta se colgó en mi brazo y sonrió dulcemente —Trujillo —susurre
—¿por cuantos días?
—toda una semana —Sami hizo una mueca dejándome saber que no le gustaba. A mí tampoco.
—qué envidia —dijo Mateo —vas a estar en la playa
—playa —suspiro Sebastián —te imaginas la cantidad de chicas en bikini que veras —silbó —que envidia hermano
Samanta tomó una profunda respiración y soltó, lentamente, mi brazo. ¿Estaba celosa? Si era así, me alegraba de que lo esté. Así no era el único sintiendo celos.
Mis hermanos y yo hablamos animadamente todo el camino a casa. Mis ojos vagaban, disimuladamente, hacia Samanta. Ella se negaba a mirarme, mantenía la vista o en el suelo o en cualquier cosa que no tuviera que ver conmigo. Eventualmente se fue quedando atrás.
En cuanto la casa estuvo a la vista Sami nos paso corriendo y entro. Apresure el paso y, con mis hermanos, literalmente, pisándome los talones, entre en casa. A esta hora del día no había nadie en casa. Cada uno se fue a sus asuntos, tenía que hablar con Sami pero debía esperar hasta que estemos solos. Me quede en la cocina y espere.
—¡nos vamos! —grito Brian, asome la cabeza por la puerta —voy a donde Juan
—¿Quién te acompaña?
—¿te vas a quedar? —dije que si con la cabeza —¿pero vamos todos?
—no tengo ganas de ir —oí a mis hermanos bajar corriendo por las escaleras y volví a refugiarme en la cocina
—¿Por qué no vas?
—no quiero —dije lo más sereno que pude
Mis hermanos me miraron con el ceño fruncido, sobre todo Mateo. Pero rápidamente cambiaron su expresión, se encogieron de hombros y se fueron. ­­­­­­­­­­­­­­­
Al fin solos. Subí a ver a Sami. Ella estaba recostada boca abajo, meciendo los pies al compas de la música que le gusta. Me quede mirándola desde la puerta, siempre me gusto mirarla.
—princesa —me quede en la puerta esperando a que ella me hablara, como no lo hizo entre —princesa
—háblame —rogué en cunclillas junto a su cama  
—una semana es demasiado tiempo —suspiro
—solo será una semana, los días se irán sin que nos demos cuenta —le asegure —tendremos mucho tiempo juntos cuando vuelva
—pero —ella dudo un momento —te iras
—¿Por qué piensas eso?
—debes hacerlo —dijo sin mirarme —papá dijo que te irías con su hermana Nuria
—¿Cuándo dijo eso?
—yo los oí
—¿Cuándo? —insistí
—en tu cumpleaños
—¿a quiénes? —odiaba sacarle las palabras a cucharadas
—a Inés y a papá —sus hombros cayeron —¿Cuándo comenzaras a estudiar?
—no lo sé —la atraje en un abrazo —aun no sé si quiero irme de aquí
—pero papá dijo que debes irte —se separo de mi para mirarme a los ojos —debes hacerlo
—yo no debo hacer nada —asegure —me quedare —le di un pequeño beso —o ¿quieres que me vaya?
—no quiero que te vayas —me mordió el labio inferior y perdí el control. La bese —¿ya se fueron todos?
—todos —le asegure antes de atraparla en un abrazo y besarla hasta donde mi control me permitió.
Durante la cena papá, muy orgulloso, anuncio a toda la familia que Sebastián tendría el primer puesto de su promoción y el segundo en todo el colegio.  
—Susi, —papá tomó la mano de Susana llamando su atención —¿crees que puedas ir?
—no sé, hemos estado ocupados estos días —ella ni siquiera levanto la mirada de su plato cuando hablo, últimamente estaba muy distraída —pero buscare la manera de estar ahí. 

viernes, 20 de noviembre de 2015

Capítulo 7

Solo tú
Me pareció eterno el tiempo que demoro en llegar la mañana, la manecilla del reloj parecía ir  a paso de tortuga. Para cuando el reloj dio la siete de la mañana yo ya estaba listo para bajar a desayunar, pero sobre todo estaba listo para ver a mi princesa.
Pero tenía que esperar a que Susana llamara como lo hacia todos los domingos. No podía dejar de pensar en ella. La bese, de verdad lo hice y ella no me rechazo. Papá se iba a molestar como nunca en su vida lo había hecho, pero no me podía importar menos, no ahora.
—Lucas, ¿estás despierto? —llamo Sami golpeando la puerta suavemente —es hora de desayunar
Creo que la puerta estuvo a punto de salirse de sus bisagras cuando la abrí, pero solo fue escuchar su voz y perder el poco control que me quedaba.
—buenos días —saludo ella, sus mejillas estaban rosadas, ella estaba avergonzada
—buenos días, princesa —la hice entrar y cerré la puerta apoyándola en ella —justo estaba pensando en ti, —pase un dedo por sus labios —en tus besos
Me incline y probé sus labios, sabia a menta por la pasta de dientes. Sami enredo sus dedos en mi cabello alborotándolo más de lo que ya estaba y pego su pecho al mío.
—ahora si puedo bajar a desayunar —le di un último toque a sus labios —ya le pasaste la voz a los demás
—sí, creo que ellos ya están abajo
—baja tu primero yo te sigo en un momento
Sami asintió y salió de mi habitación sonriendo. Respire hondo un par de veces para calmar el latir de mi corazón y sobre todo la incomodidad de mis pantalones. Pensé en todas las escenas de nacido para matar que implicaban mucha sangre.
Cuando mi pantalón ya no formaba una carpa, baje a tomar desayuno. Tuve que controlarme mucho para no besarla delante de todos. Me gusta más de lo que debería.
—¿te pasa algo princesa? —le pregunta papá —estas muy callada
—nada papito —ella sonríe, cuando su mirada y la mía se cruzan, la baja aún avergonzada. Tenemos que hablar.
—Samanta —dice Susana —si no tienes nada, ¿puedes sacar la cabeza de tu plato?
—lo siento mami
—Susi... —papá la toma de la mano —no le hables así a la niña
—no la consientas tanto Pedro, las estas malcriando —Susana se levanta, seguida de papá —Samanta te toca lavar los platos 
Sami se levanta también cuando los demás lo hacemos.
—lleven sus platos a la cocina —les digo a mis hermanos
—¿pero mamá dijo que ella los iba a lavar? —se queja Mateo
—sí, pero cada uno llevara su plato a la cocina, así que levántenlos, ¿Qué esperan?
Mateo resoplando lleva sus platos a la cocina, Brian y Sebastián, no necesitaron de más de un aviso. Cuando todos se han ido entre en la cocina, Sami ya esta hay lavando los platos del desayuno. La abrazo por la espalda y la beso en la mejilla.
—no —ella se aleja de mi —mamá nos puede ver
—ya se fueron, ven dame un besito —tomo su rostro en mis manos —vamos princesa, solo uno y me voy
—solo uno y nada mas
—lo prometo —ella me besa, pero para mí es muy corto el beso así que la beso otra vez y luego otra hasta que ella ríe y mete las manos bajo mi polo —estas mojada —me aparto
—estoy lavando los platos, —ella vuelve al lavadero —ya te bese, ahora déjame terminar
—está bien, me voy, —le susurro al oído —por ahora
Subí a mi habitación y me recosté escuchando música con mis audífonos. Cerré los ojos pensando en ella y en la manera de deshacerme de todos para quedarnos solo los dos.  
Vi correr a papá y luego a Mateo. Me quede mirándolos un momento antes de sacarme los audífonos y la oí, a Sami gritando.
—¡no, quiero a mamá! —llegue hasta papá, el estaba fuera del baño —¡mami!
—princesa, por favor —papá golpeo la puerta del baño —abre, Susana no está pero no tarda, solo abre
—¿Qué pasa papá? —no pude evitar ponerme nervioso
—Sami está asustada, pero no sé por qué —el golpeo la puerta nuevamente, pero no hubo más respuesta que los sollozos de Sami
—Sami, soy Lucas —trate de hablarle lo más calmado que pude —¿abre princesa?
—¿Dónde está mamá? —lloro tras la puerta —quiero a mamá
—¿Dónde está Sebastián? —pregunte a cualquiera que quiera responderme, era raro que él no estuviera aquí, él siempre estaba cerca de su hermana
—salió a buscar a Susana —papá se pasaba la mano por la cara —salió a comprar, espero que no esté muy lejos, Sami está asustada
—¿pero qué paso? , ella estaba bien hace un rato
—no sé, subió diciendo que le dolía la barriga y luego empezó a gritar desde el baño
—¿Qué pasa? —Susana estaba agitada y Sebastián estaba tras ella luciendo muy asustado —¿Dónde está Samanta? —golpeo la puerta del baño —¿Samanta?, hija abre la puerta
—¿mami? —hipo Sami —mami, solo entra tu por favor
—sí, solo seré yo
Sami abrió la puerta y si papá no me tomaba del brazo hubiera entrado en el baño tras Susana. Después de un momento Susana salió del baño. Le dijo algo a papá que lo hizo ruborizarse, luego sonrió y beso a Susana ¿Qué era tan lindo para que se besaran? ¿Qué tenía Sami?
Me estaba volviendo loco. Para cuando Susana saco a Sami del baño, estaba a punto de romper la maldita puerta. Pero al ver la cara de Sami, sus ojos hinchados y su mirada asustada, todo mi mal humor se fue lejos.
Trate de acercarme a ella pero Susana no me dejo, literalmente me echo de la habitación de Sami. Tome profundas respiraciones, tal vez estaba siendo tonto, muy tonto. Pero cuando Sami me echo de su habitación. Explote.
Sami no quería ver a nadie, ni a mí y eso me molesto y entristeció en partes iguales. Y, ¿si estaba molesta por lo de ayer? ¿si se arrepintió por besarme?
No, no podía ser eso. Hace un rato estaba más que contenta por besarme, si eso le hubiera molestado me lo habría dicho ¿o no? 
Salí de casa y fui a ver a mis amigos, ellos estarían reunidos jugando donde siempre.
Más calmado volví a la hora del almuerzo, pero ella no había bajado. Ayude a levantar la mesa y cuando todos estaban ocupados haciendo algo me escabullí a su habitación.
Pensé en tocar, pero descarte la idea, solo gire el pomo de la puerta esperando que no lo hubiera bloqueado, gracias al cielo no lo hizo. Entre y cerré la puerta con el menor ruido posible, y ahí estaba ella, dormida boca abajo con los labios entre abiertos dejando escapar suaves suspiros al respirar.
Se veía tan dulce y frágil, recordé cerrar la puerta con seguro.
Me arrodille a su lado y bese su mejilla, no estaba demasiado caliente así que no tenía fiebre. La volví a besar, esta vez en los labios, sus parpados revolotearon y ella despertó.
—Lucas —no se movió —¿Qué haces?
—vine a ver como estabas princesa —ella frunció los labios —no me eches Sami, por favor, solo quiero saber si estás bien
—ya estoy bien ahora
—me asustaste —me incline para besarla y ella retrocedió, me rechazo, creo si me hubiera golpeado en la cabeza seria menos doloroso —no lo hagas Sami, no me alejes. Estaba tan asustado cuando te oí gritar y llorar, y después tú no me dejaste acercarme a ti ¿Qué paso?
—nada, yo solo... —su voz se apago y cara se puso de un adorable color rosa —no me preguntes, por favor
—bien, pero no me pides que me aleje —me senté en la cama junto a ella —no mas
—bien, —ella se removió en la cama —¿me das permiso?, yo necesito ir al baño —me levante y ella se sentó, el vestido que llevaba puesto se le había subido hasta la cintura y dejaba ver su ropa interior, me di la vuelta cuando ella me pillo viéndole el trasero —vuelvo en un momento
Ella salió de corriendo. Solté un suspiro y me senté en la cama otra vez, metí la manos bajo la manta para sacar el osito que Sami tenía metido hay. Me gustaba olerlo. Sonaba enfermo pero a mí me gustaba que ella aún lo tuviera cerca, porque yo se lo había dado. Pero cuando lo levante casi doy un grito, el oso tenía la mano manchada con sangre, me levante de un golpe y arranque la manta de la cama, y hay en el centro de la sabana había una mancha de sangre.
Así que era eso. Mi pequeña Sami, mi princesa, ya no era más una niña. Saque la sabana y no pude evitar sonreír.
—¿Qué haces? —la vocecita de Sami me hizo voltear con las sabanas en la mano —pero tú...
—no te asustes princesa —ella me quito la sabana de las manos —no tienes por qué estar avergonzada
—es que tu no entiendes... —sus ojos se llenaron de lagrimas —yo estaba asustada, entre al baño y....
—no digas mas —la atraje a un abrazo —no llores pequeña, eso es normal
—pero yo no... —hipo y se relajo en mis brazos —¿me perdonas?
—¿perdonarte? No tengo nada que perdonarte princesa —la bese en la frente —¿estás mejor?
—sí, creo que ya me siento mejor, me dolía la espalda y también... —su cara se puso de color rojo. Nunca pensé que sería eso posible.
—¿Dónde mas te duele? —ella negó con la cabeza —¿no me lo vas a decir? —volvió a negar —está bien, no preguntare mas. Será mejor cambiar la sabana
—la voy a la lavar —ella tomo la sabana de mi mano, cuando se dio la vuelta me fije en la falda de sus vestido, estaba limpia
—Sami, ¿ya te cambiaste?
—¿de qué?
—la sabana esta manchada y tu vestido está limpio —le quita la sabana y salí de su habitación —¡cámbiate!
Lleve la sabana y el oso al cuarto de lavandería. Estar ocupado me mantendría lejos de mis pensamientos.

Capítulo 6

Happy Birthday
—no tengo ganas de ir a casa de tía Irene —me queje una vez más —¿no podemos ir a verla mañana?
—no, ella te ha preparado un almuerzo por tu cumpleaños
—ya lo sé —resople —y si le dices que me siento mal
—¿Por qué no quieres ir? —papá se cruzo de brazos frente a mi —Lucas, tu tía está teniendo un detalle con esto del almuerzo
—ya tenía planes
—pues si tus planes tienen nombre de chica, dile que te vea mañana
—si no tengo más remedio
Subí las escaleras pisando con fuerza. Infantil, sí. Pero me siento molesto, cuando puedo quedarme con Sami a solas, mi tía quiere almorzar conmigo.
—Lucas —Sami estaba de pie frente a mi habitación —¿Cómo me veo?
—¿A dónde vas? —me senté derecho y admire su hermoso vestido.
—a casa de tu tía Irene —una pequeña arruga apareció entre sus ojitos, se veía tan dulce —¿Por qué no estás listo?
Pase junto a ella en una carrera al baño. Ahora el almuerzo en casa de la casa de tía Irene no parecía tan mala idea. Me bañe y vestí en tiempo record, para cuando salí de mi habitación ya estaban todos en la sala.
Papá salió de la cocina llevando algo en las manos parecía un postre. Sami estaba muy extraña, pero en cuanto me vio sonrió y eso lo arreglo todo.
Cuando llegamos a casa de tía Irene todo estaba muy callado.
—¿estás seguro que mi tía nos estas esperando? 
—sí, vamos toca el timbre
Me adelante y toque el timbre, pero nada, estaba por tocar la puerta cuando esta se abrió y tía Irene apareció en la puerta y me jalo a un apretado abrazo.
—feliz cumpleaños —se separo de mi solo para volverte a abrazar —tu madre estaría tan feliz de verte ahora, te pareces tanto a ella
—gracias tía
Ella me arrastro dentro de la casa y ahí estaban mis amigos, al menos la mayoría de ellos.
—¡feliz cumpleaños! —gritaron mis amigos
Salude a todos y empezó la fiesta. Después de cantar el Happy Birthday, me dieron mis regalos. Mis hermanos habían guardado los suyos en casa de mi tía antes, así yo no los vería.
A Sami se le veía nerviosa, al principio pensé que era por estar en casa de tía Irene, pero a medida que todos me daban mis regalos ella se ponía más nerviosa.
—Sami —la lleve a un lado de la gente —¿te pasa algo?
—nada
—te he estado viendo, —la tome de la barbilla para que me mirara —dime, ¿alguien te ha molestado?, —ella trato de zafarse —Sami no te dejare hasta que me digas que te pasa
—es que yo no te tengo un regalo para ti
—¿Qué?
—todos te has dado algo, —señalo la mesa en donde los he estado poniendo —hasta Tian te ha dado algo, lo siento
—no me tienes que dar nada
—pero tú me diste un regalo en mi cumpleaños
Una idea se cruzo por mi mente.
—hay algo que puedes darme —tantee el terreno antes de hacer algo —nadie me lo ha dado, así que si tu quieres me lo puedes dar 
—¿de verdad? —ella se veía confundida —¿y qué es?
—lo he visto en casa, hay te digo que es y me lo das
—si te gusto, te lo regalo
El resto de la fiesta fue una tortura, ya no aguantaba más a tía Irene. La quiero pero esto era demasiado.
—creo que es hora de irnos a casa —papá se despidió de tía Irene —gracias por todo
—no agradezcas, lo hago por Lucas —me dio un beso más en la mejilla —se parece tanto a mi hermana
—gracias tía —le di un abrazo esperando a que se callara de una vez, había contado lo mismo durante toda la tarde —por todo, te quiero
—¿te molesta si se quedan algunas cosas aquí? —la mesa tenía algunos de los regalos que no nos llevaríamos a casa —mañana venimos por ellos
—no hay problema Pedro, vengan cuando quieran  
Salimos de la casa de la tía y prácticamente corrimos a la nuestra. O al menos yo lo hice. Al llegar a casa Sami subió a su habitación, no tenía que ser un genio para saber que iba a buscar mi regalo.
—me voy a la cama —papá arrastro las palabras —no se queden hasta tarde
El subió pesadamente las escaleras lo oí entrar en su habitación y cerrar la puerta.
—yo también me voy a mi habitación —empecé a subir las escaleras cuando la puerta de calle se abrió, Susana —buenas noches
—buenas noches, —ella abrió los brazos —feliz cumpleaños, lamento no haber llegado pero se me complico en día —me jalo a su abrazo, ella olía raro —¿te molesta que te de tu regalo mañana? —acaricio mi rostro y me beso en la frente —estoy muerta y si no llego a la cama ahora me duermo de pie
—no tenías que comprarme nada, mamá —retome mi camino hacia arriba, donde me esperaba el único regalo que quería —yo también me voy a la cama
—entonces, que duermas bien, —miro alrededor a la sala vacía —¿Dónde están tus hermanos?
—estaban aquí cuando entraste
—aquí —Brian salió de la cocina —hola mamá
—hola Brian ­—le dio un beso en la frente —¿tus hermanos también están en la cocina?
—si mamá —Brian le di un nuevo beso y se froto los ojos —me voy a la cama, hasta mañana
—duerme bien hijo
Ella entro en la cocina, quería subir con Sami, pero si Susana no encontraba a Sami en la cocina la buscaría en su habitación y lo que menos quería era que ella estuviera rondando la habitación de Sami. Así que mejor decidí seguirla.
—¿Dónde está Samanta? —Mateo y Sebastián tomaban agua — Lucas, ¿no te ibas a la cama?
—tengo sed —me serví un vaso de agua y a la fuerza me lo tome —Sami está en su habitación
Ella movió la cabeza apenas y nos dio el beso de buenas noches a todos incluyendo a mí, otra vez. Hice algo de tiempo hablando un poco con mis hermanos en la cocina, cuando oí las pisadas de Susana detenerse, les di las buenas noches y subí, mi regalo me esperaba.
Primero pase al baño y espere a que Sebastián haga lo que todas las noches darle un beso a su hermana. Cuando el salió del baño Sebastián entro. Echando un vistazo alrededor me asegure que no había nadie y con mucho cuidado me metí en la habitación de Sami.
Ella estaba sentada en la cama con los brazos cursados. Ya se había puesto el pijama y se le veía adorable. Levanto la vista cuando me vio y sonrió.
—hasta que viniste —le hice una señal para que guardara silencio
—lo siento princesa, es que me demore tomando agua ­—y lavándome los dientes, y esperando que no haiga nadie alrededor nuestro —¿estás lista para darme mi regalo?
—sí, aunque no se que puedas querer —paseo la vista por todos lados y negó con la cabeza —no sé que pueda gustarte de aquí, yo no veo nada como para ti
—yo si —le puse seguro a la puerta y apague la luz dejando solo la luz de la mesa de noche —solo te voy a pedir algo —le dije avanzando hasta ella —y si no quieres me lo dices a mí, ¿está bien?
—está bien, ahora dime
Me senté a su lado, nervioso. No sabía cómo pedírselo, en mi cabeza me lo había imaginado de diferentes formas, pero ahora las palabras no salían.
—Sami, tu... —tome sus manos y le hable en susurros —¿me das un beso?
—¿un beso? —asentí y espere —si
—pero el beso que quiero es... —y aquí iba la parte difícil —un poco diferente a los besos que me has dado antes
—no te entiendo, un beso es un beso
—no como el que quiero —podía sentir mi corazón latir en mis oídos 
—¿y cómo es el beso que quieres? 
—cierra los ojos y te lo muestro —ella no dudo y cerró los ojos, me acerque y puse mis labios sobre los de ella, cuando me separe, se le veía sorprendida —así, ¿me das un beso así?
Sus mejillas estaban rosadas y sus ojos muy abiertos. Se mordió el labio inferior y miro fijamente mis labios antes de cerrar los ojos nuevamente e inclinarse hacia mí.
No podía caber en mí de alegría. Repetí lo mismo que antes, puse mis labios suavemente sobre los suyos y me sorprendió cuando empezó a mover los labios tímidamente contra los míos.
Cerré los ojos y me deje llevar por la sensación que me llenaba. Sus besos eran todo lo que imaginaba y más. Me separe de ella y pegue mi frente a la suya, respirando lentamente, una pregunta daba vueltas en mi mente
—¿Quién te ha besado antes?—la sentí tensarse y abrí los ojos —no es la primera vez que te besan, así que dime princesa
—¿estás molesto conmigo?
—no princesa, solo quiero saber quién te ha besado antes que yo
—Félix —hablo tan bajito que casi ni la oí —estábamos a la salida del colegio y él me beso
—¿Por qué te beso?
—me pregunto si quería ser su novia
—y tú que le dijiste
—nada
—no serás su novia —mi voz sonó mas ruda de lo que esperaba, pero no podía soportar la sola idea de ella con otro —ni de ese tal Félix, ni de nadie, ¿está claro?
—¿Por qué te molestas? —ella se separo de mi pegándose a la pared y cruzando los brazos —yo puedo...
—tú no puedes ser novia de nadie... —la atraje hacia mí y ella no se resistió —porque yo te quiero, y no quiero que nadie más te bese
—¿tú me quieres? —Sami envolvió sus brazos en mi —¿lo dices de verdad o solo porque estas molesto?
—no estoy molesto —ella fue a hablar pero puse un dedo sobre sus labios callándola —estoy celoso, y si, lo digo de verdad nadie más te besara a partir de hoy
—yo también te quiero
—no sabes cómo me alegra oírlo
La abrace con fuerza y la bese un par de veces más antes de que ella se durmiera, luego me fui a mi habitación.        

Ni siquiera pude dormir, todo lo que quería hacer era volver a su habitación y abrazarla por siempre. Me parecía irreal, ella me quería, jamás pensé que se pudiera ser tan feliz como lo soy ahora.