sábado, 7 de noviembre de 2015

Capítulo 3

Dulces pesadillas

Unos años más tarde…
Ella me besaba, dulce y lentamente. Siempre empezaban así nuestros besos, pero no tardaban en volverse salvajes y pasionales.
—Lucas... —gemía contra mis labios —Lucas...
—princesa… —me separe de ella lo suficiente para ver sus oscuros ojos —te amo
Ella sonríe y se abrazaba a mí con tanta fuerza que me quita el aliento. Pero no importa si la tengo conmigo de la manera que quiero, la amo.
—te amo —repetí una y otra vez, pero ella nunca lo decía de vuelta. De un momento a otro ya no estábamos solos, nuestros padres estaban frente a nosotros y también estaban nuestros hermanos. Ellos nos miraban con reproche. Abrace con más fuerza a mi princesa tratando de ocultarla de sus miradas. Dell odio de ellas.
Un sollozo rompió mi corazón. Mi princesa lloraba.
—¿Qué pasa? ¿Te lastime?
Ella no dejaba de llorar, solo lloraba y lloraba. Y sus lágrimas rompían más mi corazón. Jamás quise lastimarla. Jamás.
Me desperté de golpe. Sudor caía por mi cara. Odiaba esa clase de sueños, pero de un tiempo acá eran más frecuentes. Estoy enamorado y no puede ser, esto está mal, muy mal, demasiado mal. Ella tiene once, bueno técnicamente le faltan poco menos de dos meses para tener doce, pero era igual de malo.
No podía estar enamorado de ella, pero no podía evitarlo porque ella vive en mi casa, ella es tan hermosa siempre lo ha sido pero ahora lo es mas.
Samanta.
Miro la hora en mi reloj, ya casi son las doce del día. Es raro que mis amigos no hayan venido a buscarme para ir a jugar, es una de las cosas que ocupan mi fin de semana. Y hoy es... sábado, eso lo explica.
Me froto la cara y trato de dirigir mis pensamientos lejos de ese horrible sueño. En cambia viene a mi mente unos hermosos ojos negros y una perfectamente besable boca rosa con la he estado soñando más veces de las que me gustaría admitir.
Siento una tienda de campaña empezar a formarse en mi ropa interior y me froto la cara con fuerza alejando todo pensamiento de ella. Ninguna de las dos opciones era buena. Las dos me hacían sentir culpable.
Mejor me apresuro al baño y luego saldré de la casa a aclarar mis ideas.
Una vez solucionado el problema con el que me levante y cepillado mis dientes, bajo guiado por el delicioso olor que llega de la cocina. Susana debe estar cocinando.
—buenas días... —me quedo de piedra en la puerta de la cocina. Susana no está cocinando, es Samanta la que está en la cocina. Llevando un vestido blanco con flores y de tiras, demasiado corto para mi salud mental. Y si a eso le sumamos que su largo cabello negro esta trenzado, dándole un toque infantil... me voy a ir al infierno.
—¿buenos días?, —sonríe y me pasa una taza de café —buenas tardes, Lucas.
—gracias —le doy un sorbo al café, exactamente como me gusta —¿Dónde están los demás?
—fuera y no me preguntes donde, por que no se 
—¿estamos solos?
—sí, —ella se encoge de hombros —solos tu y yo, ¿me ayudas?
—¿a qué? —ella levanta el cuchillo —no, en la cocina soy un inútil y tú lo sabes
—no eres un inútil, —dejo el cuchillo de lado y se me acerco haciendo pucheros —Lucas, por favor. Solo me vas a ayudar       
Asentí incapaz de formar una palabra, haría lo que ella me pidiera. Si quería que cocinara, cocinaría.
—Lucas —su voz me trae de vuelta a la tierra, mas especifico a la cocina —¿me pasas la leche?
—si princesa —busco la leche y se la paso —¿te ayudo en algo más?
—si puedes ver el pollo, —ella me da la espátula —mientras termino con el puré
Tome la espátula, mantener mi mente ocupada es una buena idea. Pero no puedo teniéndola a ella tan cerca, debo ser la peor persona del mundo por querer algo con ella.
—¿Qué huele tan bien? —papá entro en la cocina —princesa, ¿Qué estás haciendo?
—¡papi! —Sami se seco las manos en una toalla de papel
—hola —salude a papá moviendo la espátula y el rio de verme en la cocina, nunca ponía un pie en ella
—adivina —dijo Sami mientras se abrazaba a él, que la recibía con los brazos abiertos 
—será mi comida favorita —le dio un beso en la frente —no te hubieras molestado princesa
—Lucas me está ayudando —dijo ella aún abrazada a papá
—yo solo estoy revisando el pollo —para hacer mi punto le di la vuelta al que estaba friendo —ella hizo todo lo demás
—entonces ya vuelvo, me lavo las manos —dijo papá saliendo de la cocina   
—huele bien —Brian entro en la cocina seguido de Mateo —que alguien llame al hospital, Lucas está cocinando
—no lo puedo creer —la carcajada de Mateo me molesto —tu en la cocina, donde está la cámara debemos inmortalizar este momento
—¡Mateo! —Sami lo golpeo en el brazo —lávate las manos y pon la mesa
—¿Qué? —el se cruzo de brazos —yo no me muevo
—entonces tu no comes —ella también se cruzo de brazos —no te pienso dar nada si no ayudas
—mamá no te dejara —el dio un amenazante paso en su dirección
—qué pena que ella no esté en casa, —Sami ni se movió  
—¿Por qué no se lo pides a Sebastián?
—porque él no está —ella avanzo hasta Mateo hasta que estuvieron a solo un paso  —solo hazlo.
—ere una mandona —refunfuño Mateo y salió de cocina
—yo no soy mandona —ella volvió su atención de nuevo al puré —Lucas, ¿crees que soy mandona?
—si princesa, —ella dejo de machacar el puré otra vez, la abrace por la espalda y le di un beso en el pelo —eres muy mandona —le susurro bajito antes de soltarla. Ella se da vuelta y me mira —pero así te quiero.
Ella se sonroja y se muerde el labio antes de regalarme una sonrisa, si ella supiera de lo que son capases sus sonrisas me tendría a sus pies. Buena ya lo hace y aún no lo sabe.
—no dejes que se queme el pollo —volví mi atención a la sartén —y Lucas... —ella dudo un momento —yo también te quiero.
Como era posible que esas palabras me tuvieran sonriendo como un bobo por el resto del día. Incluso lave los platos y eso ya era mucho de mi parte.
Cuando Susana llego a casa, ya era más tarde de las nueve. Últimamente trabajaba muchos. Nosotros estábamos viendo la tele en la sala, a Sami le gustaba abrazarla antes de irse a la cama. Siempre le había gustado.
—mami —Sami se puso de pie y corrió a abrazarla —¿quieres cenar?
—¿Qué has cocinado?
—pollo y puré —la oí decir desde la puerta de la cocina —¿quieres un poco?
—yo me sirvo, ve a la sala con los demás
Sami volvió a la sala y se sentó a mi lado, la abrace contra mi y ella se acurruco inmediatamente. No tardo en quedarse dormida.
—será mejor que la lleve a su habitación —dijo papá —tal vez debamos irnos a la cama también
Por más que me gustara la idea de llevarla en brazos hasta la cama, no podía cargarla por las escaleras. Con cuidado papá la levanto del sofá y la llevo para arriba.
—buenas noches —les dije a los demás
—pero está en la mejor parte —dijo Brian
—¿Dónde está Pedro? —dijo Susana desde la puerta —ya se fue arriba
—llevo a Sami a la cama —dijo Sebastián —¿Te quedas mamá?
—no creo, estoy cansada —se acerco hasta ellos y les dio un beso en la frente a cada uno —dulces sueños
La vi subir y después subí yo. Cuando estuve seguro que ya estaba en su habitación, entre en la de Sami. Me gustaba verla dormir, desde pequeños me gustaba hacerlo.

Después de darle un casto beso en la mejilla, me fui a dormir.