martes, 10 de noviembre de 2015

Capítulo 4

Tú me distraes
La mañana del domingo llego demasiado rápido, y gracias al cielo, no había ningún sueño. Hoy Susana pasaría el día en casa y llevaría a Sami a casa de una de sus amigas pasaría la tarde con ellas.
Más tarde, luego de desayunar saldría a jugar con mis amigos.
Cuando lavaba los platos tocaron a la puerta, Brian abrió y lo oí saludar al Chato. Termine de poner las tazas en el escurridor y salí de la cocina.
—Chato —salude    
—¡Lucas! —gritaron desde la calle
—Toño —grite de vuelta —¿Dónde están los demás? —le pregunte al Chato  
—ya nos esperan el cancha —se estiro para ver tras de mí —¿no viene Sebastián?
—no sé —me acerque a la escalera y grite —Sebastián, ¿vienes?
—ya bajo
—¡Mateo! —volví a gritar
—¿Por qué gritan? —dijo papá —¿no pueden hablar?
—lo siento papá —Mateo y Sebastián bajaron corriendo —ya me voy
Mateo y Sebastián también se despidieron de papá y corrieron tras nosotros. Como ya había dicho el Chato los demás estaban en la cancha jugando mientras esperaban, nos vieron llegar y empezamos un juego nuevo.
Corría por la pelota y tras recibir un pase de Juan, anote. Dos a uno, vamos ganando.
—¡no vale! —grita Toño desde el arco —tu hermanita me distrae
¿Qué? me giro buscándola y hay esta ella parada al otro lado de la valla. Ignorando los gritos que mis amigos me dan, corro hacia ella.
—¿pasa algo? —me seco el sudor de la cara con mi polo
—nada, solo pasaba por aquí y vine a verte —sus amigas la llamaron y vi tras ella a tres chicas sonriendo —pero mejor me voy
—¿A dónde? —le di una mirada completa, ella lucia bien. Llevaba unos shorts de jean demasiado cortos para mi gusto y un polo de tiras que haría que me dé un ataque al corazón —espérame te acompaño, ¿me tengo que cambiar?
—déjala cuñado —Mario ya estaba junto a Sami —yo la acompaño a donde sea que esta belleza vaya
—hola Mario
—hola Sam —él taro de abrazarla, pero ella retrocedió
—estas sudado —dijo riendo
—es que estas muy bonita —él se acerco un paso y ella retrocedió, otra vez —yo te acompaño a donde sea que vayas preciosa
Con las manos en puños corrí hacia ellos, no me gustaba nada cuando alguien se acercaba a ella y menos cuando la miraban de la forma en que Mario la estaba mirando.
—solo lo diré una vez —me puse al lado de Sami —aléjate de ella
Riendo, Mario levanto las manos y se dio la vuelta uniéndose a los otros en la cancha.
—¿no puedes vestirte así?
—así, ¿Cómo? —ella se cruzo de brazos, haciendo resaltar el sostén que últimamente llevaba —es lo que llevo siempre, lo que mamá y papá me regalaron en mi cumple
—los chicos te miran
—¿de verdad? —ella se enderezo y miro tras de mí, sonrió y saludo con la mano —me miran porque, ¿me veo mal o bien?
—te ves hermosa princesa y —la tome del codo y la aleje de esos idiotas —si sigues sonriendo de esa manera, tendré que pelearme con mis amigos y no quiero eso
—¿Por qué te molesta? —ella volvió a cruzar sus brazos y no pude evitar que mi mirada cayera hay por un segundo
—porque te tengo que cuidar, —las amigas de Sami la volvieron a llamar y ella les hizo una seña con la mano —porque eres mi pequeña princesa, no te basta con eso   
—me voy, —los ojos de Sami se fijaron en algo o alguien —mis amigas me esperan
—¿Quién es él? —señale a un chico que llegaba corriendo y no le quitaba los ojos a Sami —¿Por qué no deja de mirarte?
—es un amigo —dijo, trate de tomar su mano pero solo la esquivo y se despidió con un: —nos vemos luego
Me quede parado mirando a Sami correr hasta el, creo que hoy iba a golpear a alguien y ese alguien estaba abrazando a mi princesa justo ahora.
—si las miradas mataran... —Toño estaba al otro lado de la valla, dentro de la cancha
—cállate Toño —si no estuviera esta valla en medio
—pero mira como te pones de celoso por el enamorado de tu hermanita
—¿enamorado? —si antes no odiaba al tipo ahora lo hacía —¿Tú que sabes?
—es amigo de Brian —señalo a una de las amigas de Sami —ella también tiene enamorado ¿Por qué tu hermana no?
—porque no y punto —resople —¿Dónde está Brian? —Toño señalo un lado de la cancha y ahí estaba el hablándole a una chica —¿vamos a seguir jugando?
—yo ya me voy a mi casa, allá ustedes
Toño se despidió de los demás y se fue corriendo. Yo tenía que hablar con Sebastián, Sami no podía tener novio. No lo iba a permitir.
—¡Brian! —me acerque corriendo —ven, ¿quiero hablar contigo?
—¿De qué? —se quejo cuando lo arrastre lejos de la chica —estoy ocupado hermano, ¿no puede ser luego?
—no, —dude solo por un segundo —¿Samanta tiene novio?
—¿Qué? —él olvido todo lo referente a la chica y se centro en mi —creo que oí mal, repite lo que dijiste
—¿Pensé que lo sabías?
—si lo hubiera sabido te habrías dado cuenta —miro a todas direcciones —¿Dónde está?
—con sus amigas
—¿Qué sabes?
Al ser Sami la única mujer en casa nuestro padre nos enseño a protegerla siempre, el más celoso era Sebastián nunca se separaba de ella y si necesitaba refuerzos llamaba a Mateo y él llamaba a Brian y Brian me llamaba a mí. Somos una cadena bien engrasada.
—nada, será mejor que vaya a casa —me apresure a decir —¿te vas a quedar?
—no cambies de tema —me tomo por el brazo. A pesar de ser menor que yo tenía mucha fuerza —si no sabes nada ¿Por qué preguntabas?
—la vi con sus amigas hace un rato
—yo también
—luego llego uno de tus amigos
—¿Cuál?
—la verdad no se su nombre
—¿Cómo es?
—alto, mas alto que tú
—tengo muchos amigos más altos que yo
—Brian, ¿vas a venir? —la chica que había esperado pacientemente apareció —mis padres no demoraran mucho
—ahora no Iris, estoy ocupado —ella estaba dándose la vuelta molesta —espera, ¿sabes donde esta mi hermana?
—Samanta
—sí
—en casa de Selva
—¿La hermana del Chato? —ella hizo un gesto raro como diciendo ¨quien más¨ —bien, ¿Dónde está el Chato?
—¿eso es todo? —dijo Iris obviamente molesta —te estuve esperando para nada
—ahora estoy buscando a mi hermana, no te molestes por favor
—no, tú no te molestes en llamarme de nuevo
Con eso se dio la vuelta y se fue moviéndose de forma muy llamativa.
—¿creo que ya fuiste? —le dije picándolo
—no importa, ya lo arreglare. Voy donde el Chato
—no vayas —me rasque la frente tratando de pensar en algo para disuadirlo, Brian no era muy cuidadoso cuando se trataba de Samanta. Ninguno de nosotros lo era —la vas a molestar si vas
—yo no voy a verla a ella —se defendió con una falsa sonrisa —voy a casa de mi amigo —me empujo por el hombro —nuestro amigo
No me gustaba para nada como terminaría todo, pero no podía negar que tenía curiosidad por saber quién era ese chico. No sería tan malo que fuéramos a ver a nuestro amigo, ¿Qué podría salir mal?

Una hora después tenía mi respuesta. A Brian no le basto con ir a vigilar a Samanta, el tenía que llevar refuerzos y esos eran nuestros hermanos. Sami estaba junto a sus amigas maquillándose y jugando con su cabello, cuando el chato abrió la puerta de golpe buscando el origen de las risas que oíamos desde el pasillo.