viernes, 13 de noviembre de 2015

Capítulo 5

Creo que estoy…
—estoy molesto con ustedes —papá dejo de pasearse frente a nosotros —¿en que estaban pensando? ¿Cómo se les ocurrió?
—pero papá —se quejo Sebastián —había un chico hay
—¿lo vieron?
—no, pero…
—¡pero nada! —grito —se metieron a la habitación de una niña, la amiga de su hermana
—papá, nosotros no queríamos —trato de calmar un poco las cosas pero papá solo me da una mirada fuerte y me callo de inmediato
—váyanse a su habitación —mis hermanos desaparecieron por las escaleras. Yo debía hablar con papá —¿Qué pasa ahora Lucas?
—papá, yo quería…
—¡papi! —Samanta bajo corriendo las escaleras y se detuvo de golpe cuando me vio junto a papá. Frunció sus lindos labios con enojo y volteo para subir de nuevo.
—espera princesa —me pare al final de las escaleras para hablarle, ella se detuvo pero no volteo —perdón —sus hombros subieron y bajaron lentamente, y siguió subiendo las escaleras —Sami, princesa espera —mi papá me detuvo de subir a buscarla —no me gusta que este molesta conmigo —dije sin mirarlo.
—entonces no debiste hacerla enojar —papá jalo mas fuerte mi brazo para llamar mi atención —no debieron hacerla enojar
—no quería enojarla
—¿y tus hermanos? —de mala gana de deje llevar de regreso hasta la sala —ellos tampoco querían hacerla enojar.
—no sé qué es lo que ellos querían, pero a mí no me gusta hacerla enojar.
Creo que había dicho demasiado. No me atrevía a mirar a papá a los ojos pero el silencio se estaba haciendo demasiado largo.
—papá, —comencé no sabiendo bien que decir —papá yo… —el puso una mano en mi hombro dándole un suave apretón que no supe interpretar, levante la vista hacia él encontrando sus ojos. Mi garganta se sentía apretada y un creo que estoy enamorado se balanceaba peligrosamente en la punta de mi lengua.
—sé que la quieres —me tense al oírlo, me enderece rápidamente tenía una respuesta en la punta de la lengua pero Susana escogió ese preciso momento para abrir la puerta —todos lo hacemos, pero recuerda una cosa… somos una familia y así me gustaría que sigamos
Palmeo mi rodilla y se fue a saludara a Susana. Las palabras de papá me dieron algo en lo que pensar.
Después de la cena, en la que Sami no hablo para nada, decidí arreglar las cosas con ella. Espere a que todos estuvieran en la cama para poder ir a verla.
La luz bajo su puerta era suave. Solo debía tener la luz de la mesa de noche. No me moleste en tocar, abrí la puerta lentamente.
—¿Qué haces aquí? —estaba sentada tan rápido
—vine a verte
—vete —se dio la vuelta dándome la espalda
—princesa —me queje junto a su cama —perdóname
—no quería molestarte, Sami —dio la vuelta descansando la mejilla sobre sus manos juntas
Ella siguió sin hablarme, pero al menos  ya me miraba a los ojos.
—pero lo hiciste —refunfuño —ustedes me avergonzaron frente a mis amigas
—no sabía que haríamos
—¿solo los seguiste hay? —asentí —¿y te metiste en la habitación de Selva siguiéndolos? —volví a asentir —¿te das cuenta de lo que paso? —baje la mirada avergonzado —¿vas a contestar?
—no sé qué decir para disculparme —me arriesgue a tomar su mano y ella me dejo —sabes que nunca haría nada para hacerte llorar
—lo sé
—me perdonas —le di pequeños besos en la muñeca —perdóname
Sonreí dulcemente y espere. Ella hacia su mayor esfuerzo por aguantar una sonrisa, pero fallo. Sus ojitos eran brillantes y suaves. Ya estaba perdonado.
—solo porque es tu cumpleaños —me dijo
—mi cumpleaños es mañana
—ya son más de las doce —tomo el reloj que estaba en su mesa de noche y lo puse frente a mis ojos —feliz cumpleaños

Me rodeo el cuello en un abrazo algo extraño, por la posición en la que estábamos, pero no me quejaba.