viernes, 20 de noviembre de 2015

Capítulo 7

Solo tú
Me pareció eterno el tiempo que demoro en llegar la mañana, la manecilla del reloj parecía ir  a paso de tortuga. Para cuando el reloj dio la siete de la mañana yo ya estaba listo para bajar a desayunar, pero sobre todo estaba listo para ver a mi princesa.
Pero tenía que esperar a que Susana llamara como lo hacia todos los domingos. No podía dejar de pensar en ella. La bese, de verdad lo hice y ella no me rechazo. Papá se iba a molestar como nunca en su vida lo había hecho, pero no me podía importar menos, no ahora.
—Lucas, ¿estás despierto? —llamo Sami golpeando la puerta suavemente —es hora de desayunar
Creo que la puerta estuvo a punto de salirse de sus bisagras cuando la abrí, pero solo fue escuchar su voz y perder el poco control que me quedaba.
—buenos días —saludo ella, sus mejillas estaban rosadas, ella estaba avergonzada
—buenos días, princesa —la hice entrar y cerré la puerta apoyándola en ella —justo estaba pensando en ti, —pase un dedo por sus labios —en tus besos
Me incline y probé sus labios, sabia a menta por la pasta de dientes. Sami enredo sus dedos en mi cabello alborotándolo más de lo que ya estaba y pego su pecho al mío.
—ahora si puedo bajar a desayunar —le di un último toque a sus labios —ya le pasaste la voz a los demás
—sí, creo que ellos ya están abajo
—baja tu primero yo te sigo en un momento
Sami asintió y salió de mi habitación sonriendo. Respire hondo un par de veces para calmar el latir de mi corazón y sobre todo la incomodidad de mis pantalones. Pensé en todas las escenas de nacido para matar que implicaban mucha sangre.
Cuando mi pantalón ya no formaba una carpa, baje a tomar desayuno. Tuve que controlarme mucho para no besarla delante de todos. Me gusta más de lo que debería.
—¿te pasa algo princesa? —le pregunta papá —estas muy callada
—nada papito —ella sonríe, cuando su mirada y la mía se cruzan, la baja aún avergonzada. Tenemos que hablar.
—Samanta —dice Susana —si no tienes nada, ¿puedes sacar la cabeza de tu plato?
—lo siento mami
—Susi... —papá la toma de la mano —no le hables así a la niña
—no la consientas tanto Pedro, las estas malcriando —Susana se levanta, seguida de papá —Samanta te toca lavar los platos 
Sami se levanta también cuando los demás lo hacemos.
—lleven sus platos a la cocina —les digo a mis hermanos
—¿pero mamá dijo que ella los iba a lavar? —se queja Mateo
—sí, pero cada uno llevara su plato a la cocina, así que levántenlos, ¿Qué esperan?
Mateo resoplando lleva sus platos a la cocina, Brian y Sebastián, no necesitaron de más de un aviso. Cuando todos se han ido entre en la cocina, Sami ya esta hay lavando los platos del desayuno. La abrazo por la espalda y la beso en la mejilla.
—no —ella se aleja de mi —mamá nos puede ver
—ya se fueron, ven dame un besito —tomo su rostro en mis manos —vamos princesa, solo uno y me voy
—solo uno y nada mas
—lo prometo —ella me besa, pero para mí es muy corto el beso así que la beso otra vez y luego otra hasta que ella ríe y mete las manos bajo mi polo —estas mojada —me aparto
—estoy lavando los platos, —ella vuelve al lavadero —ya te bese, ahora déjame terminar
—está bien, me voy, —le susurro al oído —por ahora
Subí a mi habitación y me recosté escuchando música con mis audífonos. Cerré los ojos pensando en ella y en la manera de deshacerme de todos para quedarnos solo los dos.  
Vi correr a papá y luego a Mateo. Me quede mirándolos un momento antes de sacarme los audífonos y la oí, a Sami gritando.
—¡no, quiero a mamá! —llegue hasta papá, el estaba fuera del baño —¡mami!
—princesa, por favor —papá golpeo la puerta del baño —abre, Susana no está pero no tarda, solo abre
—¿Qué pasa papá? —no pude evitar ponerme nervioso
—Sami está asustada, pero no sé por qué —el golpeo la puerta nuevamente, pero no hubo más respuesta que los sollozos de Sami
—Sami, soy Lucas —trate de hablarle lo más calmado que pude —¿abre princesa?
—¿Dónde está mamá? —lloro tras la puerta —quiero a mamá
—¿Dónde está Sebastián? —pregunte a cualquiera que quiera responderme, era raro que él no estuviera aquí, él siempre estaba cerca de su hermana
—salió a buscar a Susana —papá se pasaba la mano por la cara —salió a comprar, espero que no esté muy lejos, Sami está asustada
—¿pero qué paso? , ella estaba bien hace un rato
—no sé, subió diciendo que le dolía la barriga y luego empezó a gritar desde el baño
—¿Qué pasa? —Susana estaba agitada y Sebastián estaba tras ella luciendo muy asustado —¿Dónde está Samanta? —golpeo la puerta del baño —¿Samanta?, hija abre la puerta
—¿mami? —hipo Sami —mami, solo entra tu por favor
—sí, solo seré yo
Sami abrió la puerta y si papá no me tomaba del brazo hubiera entrado en el baño tras Susana. Después de un momento Susana salió del baño. Le dijo algo a papá que lo hizo ruborizarse, luego sonrió y beso a Susana ¿Qué era tan lindo para que se besaran? ¿Qué tenía Sami?
Me estaba volviendo loco. Para cuando Susana saco a Sami del baño, estaba a punto de romper la maldita puerta. Pero al ver la cara de Sami, sus ojos hinchados y su mirada asustada, todo mi mal humor se fue lejos.
Trate de acercarme a ella pero Susana no me dejo, literalmente me echo de la habitación de Sami. Tome profundas respiraciones, tal vez estaba siendo tonto, muy tonto. Pero cuando Sami me echo de su habitación. Explote.
Sami no quería ver a nadie, ni a mí y eso me molesto y entristeció en partes iguales. Y, ¿si estaba molesta por lo de ayer? ¿si se arrepintió por besarme?
No, no podía ser eso. Hace un rato estaba más que contenta por besarme, si eso le hubiera molestado me lo habría dicho ¿o no? 
Salí de casa y fui a ver a mis amigos, ellos estarían reunidos jugando donde siempre.
Más calmado volví a la hora del almuerzo, pero ella no había bajado. Ayude a levantar la mesa y cuando todos estaban ocupados haciendo algo me escabullí a su habitación.
Pensé en tocar, pero descarte la idea, solo gire el pomo de la puerta esperando que no lo hubiera bloqueado, gracias al cielo no lo hizo. Entre y cerré la puerta con el menor ruido posible, y ahí estaba ella, dormida boca abajo con los labios entre abiertos dejando escapar suaves suspiros al respirar.
Se veía tan dulce y frágil, recordé cerrar la puerta con seguro.
Me arrodille a su lado y bese su mejilla, no estaba demasiado caliente así que no tenía fiebre. La volví a besar, esta vez en los labios, sus parpados revolotearon y ella despertó.
—Lucas —no se movió —¿Qué haces?
—vine a ver como estabas princesa —ella frunció los labios —no me eches Sami, por favor, solo quiero saber si estás bien
—ya estoy bien ahora
—me asustaste —me incline para besarla y ella retrocedió, me rechazo, creo si me hubiera golpeado en la cabeza seria menos doloroso —no lo hagas Sami, no me alejes. Estaba tan asustado cuando te oí gritar y llorar, y después tú no me dejaste acercarme a ti ¿Qué paso?
—nada, yo solo... —su voz se apago y cara se puso de un adorable color rosa —no me preguntes, por favor
—bien, pero no me pides que me aleje —me senté en la cama junto a ella —no mas
—bien, —ella se removió en la cama —¿me das permiso?, yo necesito ir al baño —me levante y ella se sentó, el vestido que llevaba puesto se le había subido hasta la cintura y dejaba ver su ropa interior, me di la vuelta cuando ella me pillo viéndole el trasero —vuelvo en un momento
Ella salió de corriendo. Solté un suspiro y me senté en la cama otra vez, metí la manos bajo la manta para sacar el osito que Sami tenía metido hay. Me gustaba olerlo. Sonaba enfermo pero a mí me gustaba que ella aún lo tuviera cerca, porque yo se lo había dado. Pero cuando lo levante casi doy un grito, el oso tenía la mano manchada con sangre, me levante de un golpe y arranque la manta de la cama, y hay en el centro de la sabana había una mancha de sangre.
Así que era eso. Mi pequeña Sami, mi princesa, ya no era más una niña. Saque la sabana y no pude evitar sonreír.
—¿Qué haces? —la vocecita de Sami me hizo voltear con las sabanas en la mano —pero tú...
—no te asustes princesa —ella me quito la sabana de las manos —no tienes por qué estar avergonzada
—es que tu no entiendes... —sus ojos se llenaron de lagrimas —yo estaba asustada, entre al baño y....
—no digas mas —la atraje a un abrazo —no llores pequeña, eso es normal
—pero yo no... —hipo y se relajo en mis brazos —¿me perdonas?
—¿perdonarte? No tengo nada que perdonarte princesa —la bese en la frente —¿estás mejor?
—sí, creo que ya me siento mejor, me dolía la espalda y también... —su cara se puso de color rojo. Nunca pensé que sería eso posible.
—¿Dónde mas te duele? —ella negó con la cabeza —¿no me lo vas a decir? —volvió a negar —está bien, no preguntare mas. Será mejor cambiar la sabana
—la voy a la lavar —ella tomo la sabana de mi mano, cuando se dio la vuelta me fije en la falda de sus vestido, estaba limpia
—Sami, ¿ya te cambiaste?
—¿de qué?
—la sabana esta manchada y tu vestido está limpio —le quita la sabana y salí de su habitación —¡cámbiate!
Lleve la sabana y el oso al cuarto de lavandería. Estar ocupado me mantendría lejos de mis pensamientos.