viernes, 27 de noviembre de 2015

Capítulo 8

¿Y después qué?
Poco menos de un mes para el fin de año. Para que terminara el colegio. Sinceramente no sabía que debía hacer a continuación, pero no me gustaba la idea de alejarme demasiado de Sami.
La primera clase era la de matemáticas, pero el profe ya se había rendido con nosotros. Solo puso unos ejercicios en la pizarra y se sentó en su escritorio para atender a los únicos que estaban interesados.
Nuestra tutora, la profesora Alegria, no estoy jodiendo así se llama en verdad, pidió disculpas y se paro frente a clase.
—¡escuchen! —grito la tutora —cállense y escuchen
El salón bajo u poco el volumen de la bulla, pero para nada se quedo en silencio. La tutora  no esperaba mucho después de todo.
—ya sabemos a dónde los llevaremos de viaje de promoción —ella movió las vamos en un intento vano para calmarnos —vamos a visitar Trujillo, toda una semana —los gritos solo aumentaron ante el anuncio —ahora hay una lista de personas que no pueden ir
Ella desdoblo una hoja y recito algunos nombres y el porqué no irían con nosotros al viaje. No le preste atención.
—una semana —me codeo Mario —te imaginas
—sí —dije con una enorme sonrisa —sol, playa y arena. La mejor semana de mi vida.
—mierda —gruño bajito Paloma —me falta plata
—¿Por qué? —curioseamos
—me la tire
—¿Cómo les dirás a tus papás? —ella se encogió de hombros —ya te cagaste
—gracias —se hundió en su asiento —estoy jodida
Después de eso no dijo nada más.
—todos los que nombre —volví mi atención de nuevo a la tutora —tienen hasta la clausura para ponerse al corriente o para hacernos saber si van o no
Se disculpo una vez más con el profesor y se fue. Y así seguimos con lo que quedo del día.
Como era costumbre espere por mis hermanos, Brian y Mateo, para juntos ir por los gemelos a su colegio.
—Adivinen —solté casualmente —¿A dónde voy de viaje de promo? —Samanta se colgó en mi brazo y sonrió dulcemente —Trujillo —susurre
—¿por cuantos días?
—toda una semana —Sami hizo una mueca dejándome saber que no le gustaba. A mí tampoco.
—qué envidia —dijo Mateo —vas a estar en la playa
—playa —suspiro Sebastián —te imaginas la cantidad de chicas en bikini que veras —silbó —que envidia hermano
Samanta tomó una profunda respiración y soltó, lentamente, mi brazo. ¿Estaba celosa? Si era así, me alegraba de que lo esté. Así no era el único sintiendo celos.
Mis hermanos y yo hablamos animadamente todo el camino a casa. Mis ojos vagaban, disimuladamente, hacia Samanta. Ella se negaba a mirarme, mantenía la vista o en el suelo o en cualquier cosa que no tuviera que ver conmigo. Eventualmente se fue quedando atrás.
En cuanto la casa estuvo a la vista Sami nos paso corriendo y entro. Apresure el paso y, con mis hermanos, literalmente, pisándome los talones, entre en casa. A esta hora del día no había nadie en casa. Cada uno se fue a sus asuntos, tenía que hablar con Sami pero debía esperar hasta que estemos solos. Me quede en la cocina y espere.
—¡nos vamos! —grito Brian, asome la cabeza por la puerta —voy a donde Juan
—¿Quién te acompaña?
—¿te vas a quedar? —dije que si con la cabeza —¿pero vamos todos?
—no tengo ganas de ir —oí a mis hermanos bajar corriendo por las escaleras y volví a refugiarme en la cocina
—¿Por qué no vas?
—no quiero —dije lo más sereno que pude
Mis hermanos me miraron con el ceño fruncido, sobre todo Mateo. Pero rápidamente cambiaron su expresión, se encogieron de hombros y se fueron. ­­­­­­­­­­­­­­­
Al fin solos. Subí a ver a Sami. Ella estaba recostada boca abajo, meciendo los pies al compas de la música que le gusta. Me quede mirándola desde la puerta, siempre me gusto mirarla.
—princesa —me quede en la puerta esperando a que ella me hablara, como no lo hizo entre —princesa
—háblame —rogué en cunclillas junto a su cama  
—una semana es demasiado tiempo —suspiro
—solo será una semana, los días se irán sin que nos demos cuenta —le asegure —tendremos mucho tiempo juntos cuando vuelva
—pero —ella dudo un momento —te iras
—¿Por qué piensas eso?
—debes hacerlo —dijo sin mirarme —papá dijo que te irías con su hermana Nuria
—¿Cuándo dijo eso?
—yo los oí
—¿Cuándo? —insistí
—en tu cumpleaños
—¿a quiénes? —odiaba sacarle las palabras a cucharadas
—a Inés y a papá —sus hombros cayeron —¿Cuándo comenzaras a estudiar?
—no lo sé —la atraje en un abrazo —aun no sé si quiero irme de aquí
—pero papá dijo que debes irte —se separo de mi para mirarme a los ojos —debes hacerlo
—yo no debo hacer nada —asegure —me quedare —le di un pequeño beso —o ¿quieres que me vaya?
—no quiero que te vayas —me mordió el labio inferior y perdí el control. La bese —¿ya se fueron todos?
—todos —le asegure antes de atraparla en un abrazo y besarla hasta donde mi control me permitió.
Durante la cena papá, muy orgulloso, anuncio a toda la familia que Sebastián tendría el primer puesto de su promoción y el segundo en todo el colegio.  
—Susi, —papá tomó la mano de Susana llamando su atención —¿crees que puedas ir?
—no sé, hemos estado ocupados estos días —ella ni siquiera levanto la mirada de su plato cuando hablo, últimamente estaba muy distraída —pero buscare la manera de estar ahí.