lunes, 14 de diciembre de 2015

Capítulo 12

Otra vez tú
—mañana a esta hora estaré frente al mar —pase la mano por la espalda de Sami —me gustaría que pudieras venir conmigo
—se que suena tonto, —Sami se abrazada con más fuerza a mi cintura —pero te voy a extrañar
—para mí no suena tonto —la tomo por la cintura y la coloco sobre mi —yo también te voy a extrañar —ella se acomoda sobre mí con una pierna a cada lado —no Sami, no hagas eso 
—¿hacer qué? —es tan inocente —a mí me gusta abrazarte así, ¿Por qué a ti no? —se recuesta sobre mi y hunde el rostro en mi cuello. Que Dios me ayude
—me gusta —la jalo hasta que queda sentada sobre mi cintura, pero ella se remueve y regresa a su posición anterior —solo que ahora no
—no sé porque... —sus ojos se abren mucho y un color rosa cubre su rostro cuando ella se mueve sobre mi erección, pero no se aparta. Me voy a ir al infierno  
—lo siento —trato de moverla pero sus manos se ponen sobre mi pecho y su trasero se frota sobre mí una vez más —Sami, detente
—¿te duele? —su pregunta viene acompañada de una curiosa mano sobre mi —¡lo siento! —ella quita su mano cuando doy un respingo
—no me duele —la tomo por la cintura y la bajo de mi —pero no deberías tocarme así —sus ojos se fijan en mis pantalones y se sonroja mas, no pensé que eso era posible
—a veces, cuando duermes conmigo, despiertas así —me tapo con la almohada —y cuando te toco parece gustarte
—¡¿tú me tocas?! —ella se muerde el labio y asiente —no lo hagas Sami, no está bien
—yo vi Mateo el otro día
—lo viste, no entiendo
—yo no quería verlo —ella se removió inquieta. Esto no me iba a gustar —pensé que estaba sola en casa cuando escuche un ruido, fui a su habitación y lo vi con su novia y ella... ella  lo tocaba
—¿Qué? ¿Cuándo fue eso?
—hace uno días, no recuerdo cuando y —por fin levanto la vista y me miro a los ojos —yo pensé que eso te gustaría a ti —su voz se va apagando a medida que habla
—¿quieres la verdad?
—siempre
—claro que me gusta que me toques —un brillo en sus ojos me hace alucinar con cosas que no debería querer hacerle —pero no está bien que lo hagas
—¿tu lo haces? —se arrastra hasta quedar frente a mi
—sí, —creo que gruñí —si a veces lo hago, pero tú no debes hacerlo. Me prometes no hacerlo otra vez
—a mí también me gusta tocarte —se sentó sobre la almohada que había colocado sobre mi regazo —pero si eso te molesta, nunca más lo hare
—gracias —con la almohada en medio, no había problema en que ella se sentara sobre mí. La abrace por la cintura y le di un beso —ahora dime que me vas a extrañar
—ya te lo dije                                                           
—me gusta oírlo —la puerta de la casa se abrió y resople —se nos acabo el tiempo, ve a tu habitación
Ella me dio un último beso antes de que saliera de mi habitación a la suya.
—hermano —Brian entro y se dejo caer en la cama —¿adivina quien anda preguntando por ti?
—no me interesa
—aun no sabes de quien hablo
—sigue sin interesarme —trate de levantarme, pero me jalo de regreso a la cama —¿Qué?
—¿Qué te pasa?
—a mi nada
—desde hace un tiempo estas raro
—¿raro? —me puse derecho y, sobre todo, alerta —¿raro cómo?
—no sé, raro —se paso la mano tras el cuello —un momento estas distraído, como en la luna y luego estas muy exaltado, o estas molestos con los amigos de Sebastián
—no me había dado cuenta, ¿alguien más lo ha notado?
—todos lo hemos notado —su voz bajo mas —hasta papá se ha dado cuenta, y eso que él anda por las nubes
—mierda
—sí hermano, tremenda mierda —me codeo —¿Quién es ella?
—¿Qué ella? ¿Quién ella?
—ese nerviosismo te delata hermano —me palmeo el hombro
Salió de mi habitación dejándome muy confundido. Si se habían dado cuenta de mi interés o desinterés, ¿se habrían dado cuenta de algo más? Espero que ni Mateo o Sebastián, ellos confiaban en mí, pero por otro lado yo quiero a mi princesa.
Esa noche, como ya habíamos hecho antes, esperamos a que todos se durmieran y entre en su habitación. Ella estaba acurrucada contra la pared, ya se había dormido. Cerré la puerta con seguro y me metí en la cama con ella.
—¿Lucas?
—no te quería despertar —le dije al oído —duerme princesa
—te estaba esperando —dijo metiendo la cara en mi cuello —me gusta cuando me abrazas
—a mí me gusta abrazarte —busque sus labios en la oscuridad —y besarte —la bese profundamente —me gusta estar contigo
Ella rio tan suavemente que parecía más un suspiro, sus pequeñas manos acariciaron mi rostro y se demoraron en mi cabello. Me encantaba que hiciera eso. Después beso un camino de mi boca a mi cuello, se demoro allí. Que dios me ayude.
—espera princesa —ella rio traviesa y mordió suavemente mi piel —me matas
—¿te gusta?
—demasiado —la apreté contra mi —pequeña traviesa
La bese un poco más y luego, con toda la fuerza de voluntad que tengo, solo la abrace hasta que se durmió. La vi dormir hasta que yo el sueño me venció. Me desperté poco antes de que amaneciera, con mucho cuidado me salí de la cama y de la habitación, me metí en el baño y regrese a mi cama.
Esta tarde saldría de viaje de promoción.
Pase por casa de tía Irene, por insistencia de papá, para despedirme. Luego de arregla una pequeña maleta, todos fuimos hasta mi colegio para esperar el bus que nos recogería hay. La mayoría de mis amigos ya estaban esperando ahí, sería un buen viaje.
Cerca de las cinco y media de la tarde el bus llego y para las seis de la tarde todos estábamos listos para salir.
—cuídate mucho —dijo papá dándome un abrazo
—diviértete —me abrazo Brian y me hablo al oído —no te olvides de la playa
—¿la playa?
—la playa, las chicas, los bikinis —Mateo me codeo, el no necesitaba susurrar —hay esta Sara —creo que lo oí suspirar —¿Cómo se verá en bikini?
—no me interesa Sara —Samanta se pego al costado de papá —no me interesa —lo repetí para ella —abrí los brazos y espere, no tardo en venir a abrazarme —te extrañare —susurre a su oído
—diviértete
Quería darle un gran beso, pero teníamos mucho público. Lo tendría a mi regreso. Tendría muchos a mi regreso.
—nos vemos en una semana

Subimos, mis amigos y compañeros, al bus y empezamos el viaje de promo.