viernes, 18 de diciembre de 2015

Capítulo 13

¿Por qué ahora?
La semana se nos paso volando. Entre las visitas a los museos y sitios turísticos, porque según los profesores debíamos aprender todo lo que pudiéramos, en nuestras vacaciones, tuvimos un poco de tiempo para ir a las playas y a las discotecas.
Antes de darnos cuenta ya era hora de volver.
De camino a casa el bus hizo una parada, pasamos por un mercado de artesanías en cuanto vi una pequeña muñeca de trapo, me acorde de Samanta. Después de regatear con la vendedora la compre, y una bolsa de regalo. A ella le va encantar.
—¿Qué es eso? —Sara se acerco y me quito la bolsa —una muñequita
—deja eso —le arranque la bolsa de las mano y la alise contra mi pecho —no te metas con mis cosas
Ella levanto las manos y dio unos pasos atrás.
—¡Dense prisa! —grito el profesor —si se quedan atrás, los dejo
Me apresure a subir al bus y ocupe el primer asiento vacío que encontré. Me recosté y caí en un casi sueño, que duro muy poco con mis amigos cerca a mí.
No podía esperar a volver a casa, me había divertido en mi viaje de promoción. Pero extrañaba a mi princesa.
—tranquilo hombre —Mario mi compañero de asiento en el bus —parece que te fueras a la guerra
—extraña a su papito —Juan que está en el asiento de atrás me golpea en la cabeza —marica
—vete a la mierda, solo quiero volver a casa, eso es todo
—lo que pasa —grita alguien atrás —es que a Juan nadie lo extraña en su casa —todos reímos, creo que hasta el profesor ríe.
—tiene algo que ver con la muñeca que compraste —Sara se inclina un poco para poder escuchar —o ya cambiaste de gusto
—ese es un regalo para su hermanita —se me adelanta en contestar Mario —Samanta, ¿la recuerdan?
—si, como olvidarla, esta buena —Juan empuja a Marco a su asiento —¿Qué?, es la verdad, se parece a su mamá
—si quieres que te rompa la boca, sigue así —no hay ni pizca de humor en mi voz, pero el muy idiota no lo capta
—no te pongas así cuñado —me pongo de pie —¿Qué vas a hacerme?
—no jodas a Lucas, su hermanita apenas tiene once años, yo te patearía el culo si miras mal a Mía —la hermana de Mario es compañera de Sami —así que cállate la boca de una vez
—cállense todos, o terminan el viaje a pie ­—el profesor se para en medio para calmar las cosas —ya vamos a llegar, siéntese calladitos son menos de quince minutos
Respiro profundamente para calmarme. Quince minutos para ver a mi princesa. Vamos a parar en el colegio pero de ahí es muy corto el camino a casa, la bolsa de regalo la llevo a la mano.
Ya puedo ver a algunos padres parados en la puerta del colegio. Mi papá esta hay con Brian, pero solo con él. Ni siquiera ha parado el bus cuando estoy en la puerta, el profesor me pide que me siente pero no le hago caso, en cuanto se abre la puerta salgo de un salto y voy a buscarlo.
—hola papá —lo abrazo —hola hermanito, ¿Dónde están?
—será mejor ir a casa, hay te lo cuento
A papá se le ve triste, tiene los ojos hinchados, como si hubiera llorado. Me detengo a su lado, miro a Brian, pero él me agacha la mirada.
—dime ahora, por favor
—su papá regreso —Brian no me mira —y se los llevo
—¿Qué? ¿Por qué? —tengo un dolor en el pecho que jamás había sentido —papá, dime todo ahora
—Susana tuvo un accidente, parece que estaba borracha —caminamos a casa mientras papá me cuenta —Andrés llevo abogados a casa, el tiene ahora la custodia de los tres, lo siento
—se la llevaron... —el decirlo solo hace que el dolor aumente —se la llevaron papá
—se llevaron a los tres —Brian se ve molesto, él y Mateo eran más unidos que ninguno de nosotros —y tu solo preguntas por tu princesita
—no me jodas Brian
—crees que no sabía lo que pasaba, todos en la casa lo sabíamos —Brian nos pasa a papá y a mi —hasta Sebastián lo sabia
Me quede sin palabras. Lo sabían, ellos lo sabían. Miro a papá y él me sonríe triste. El sí que lo sabía.
—te lo dije hijo —me pasa el brazo por los hombros —ella te rompería el corazón
—ella no me rompió el corazón —me rehusó a llorar, no ahora, no aquí —Andrés me rompió el corazón, a mí y a Sami
Al llegar a casa me encierro en la habitación de Sami. Me abrazo a su almohada y lloro. Se llevaron a mi princesa y no estuve aquí para impedirlo. El cajón de su mesa de noche esta la muñeca de trapo que siempre llevaba. La dejo para mí con una nota, ella me dejo algo. Lo guardo todo en la bolsa de regalo que compre durante el viaje.