lunes, 18 de enero de 2016

Capítulo2

Adiós casa, hola hogar
Samanta:
Entre en la casa lo más silenciosamente posible. Pero no contaba con el maldito perro de Bruno.
—shhh… —me apresure a la cocina pero el perro me siguió —maldito animal cállate de una vez, vas a despertar a todos
—Samanta —mierda, Andrés estaba en la cocina —¿acabas de llegar?
—buenos días —salude y le di una patada al perro, se fue corriendo asustado, sonreí —hasta más tarde —me despedí
—espera, tenemos que hablar
—¿no es muy temprano para una pelea?
—¿Quién va a pelear?
—por favor Andrés, siempre que me dices tenemos que hablar —imite su voz —terminamos peleando
—¿Qué es esto?
Mierda, encontró mis pasajes de avión.
—Samanta
—¿Cuándo llego?—me cruce de brazos tratando de parecer molesta—¿Por qué abres mis cosas? 
—no Samanta la pregunta aquí es ¿Por qué tu hermano te envió estos pasajes?
—porque se los pedí y antes de que preguntes, sí, sé que tu no vas a venir con nosotros
—te equivocas —me señalo con los pasajes —tú vas con nosotros a Argentina
—pero no quiero
—lo harás y…
—no me quedare a oír esto —salí de cocina con Andrés pisándome los talones
—¡detente!
Lo ignore y abrí la puerta principal, pero como siempre Bruno estaba ahí. Me tomó por el brazo, con fuerza.
—suéltame —tire de mi brazo tratando de liberarlo —déjame ir, Bruno
—suelta a tu hermana —pidió Andrés
—no sé porque la consientes tanto —gruño Bruno, pero no me soltó —hace lo que se le da la gana y tu no le dices nada, ¿hasta cuándo?
—Bruno, deja ir a tu hermana
Antes de que Bruno pueda reaccionar Sebastián lo empujo lejos de mí.
—¿estás bien? —inspecciono mi brazo viendo el moretón —aléjate de mi hermana, —amenazo —no la vuelvas a tocar, como te atrevas a…
—basta los dos —Andrés de paro entre nosotros y señalo a la casa —adentro ahora y tu —me señalo —tenemos que hablar
—no tengo nada más que decir —me cruce de brazos —quiero ver a papá
—yo soy tu padre
—cálmate Darth Vader —me burle —ya sabes de quien hablo
—Samanta…
—tendré dieciocho en un par de años y podre irme lejos y no volverás a verme en lo que te quede de vida —era mi amenaza recurrente —y sabes que no puedes hacer nada para impedírmelo, mira lo que paso cuando trataste de detener a Mateo —su pecho subía y bajaba y su respiración era fuerte, estaba molesto lo que no era novedad para mí —solo piénsalo
—solo será por las vacaciones —tomo todo de mi no saltar de alegría —y estarás en casa de mi hermana —genial, tía Catalina nunca fue un problema —y tus hermanos irán contigo
—¿todos?
—sí Samanta, todos tus hermanos y cuando termine lo que estoy haciendo aquí iré a verlos y juntos iremos a Argentina
—no lo dejaras ir fácil ¿verdad? —sonreí de lado —acepto
Se dio la vuelta y entro en la casa. Bruno no era parte de mi viaje pero que importaba.
Llame a Mateo.
—hermanito —cante alegremente
—Sami, ¿Qué paso esta vez?
—Qué poca fe me tienes, hermanito —rio —adivina ¿Quién va de viaje a casa de tía Catalina?
—te saliste con la tuya otra vez
—¿te sorprende?
—la verdad no —oí alguien en el fondo y me sorprendí cuando hablaron —hola pequeña
—¿David? —sonreí —¿Qué haces hay?
—extrañándote
—visítame
—¿eso es una invitación?
—tómalo como quieras, pásame a mi hermano
—te veré pronto, pequeña —oí a Mateo regañándolo —estaré en casa de tía Catalina solo llámame y avísame cuando lleguen yo deberé llegar un día antes 
—entonces te veo en unos días,—cuando entre a casa Bruno estaba parado en la escalera, esperándome —te llamo después
Colgué sin espera respuesta.
—como siempre te saliste con la tuya —aplaudió —felicidades
—gracias —hice una burlona reverencia
—papá nunca debía haberte traído a casa con nosotros
—eso es algo en lo que siempre estaremos de acuerdo —trate de pasarlo pero me sostuvo por el brazo —¿Por qué me molestas?
—tú eres una molestia
—entonces mantente alejado de mí, no te me acerques, no me hables —sisee —has como yo, que te ignoro, a menos que tú me molestes primero
—¿Cómo puedo ignorarte si papá no para de hablar de ti?
—no es mi culpa
—claro que es tu culpa —me acuso —si solo hicieras lo que te dicen
—no soy como tu
—eso es obvio, —me jaloneo —tu eres una malcriada, y nos es por nuestra causa, eres una desconsiderada…
—basta ya Bruno, yo estaba bien en casa de mi padre
—¡¿tu padre?!
—si Bruno, él es mi padre para mí él es y será, siempre, MI PADRE
—lo lastimas —me detuve —siempre que hablas así lo lastimas, tal vez no te importe a ti, pero a nosotros nos importa
—¿nosotros?
—sí, princesa de hielo, a Sebastián y a mí nos preocupa papá —tomo mi rostro en sus manos y me miro a los ojos —porque aunque a ti no te guste él es NUESTRO PADRE
—yo no quería venir aquí
—lo sé
—entonces ¿Por qué me obligaron?
—porque te amamos
—¿me amas?
—aunque no lo merezcas
Me aleje de él, era raro entre nosotros llevarnos bien. Mejor subí buscando a Sebastián.
—Tian —llame a mi hermano —Sebastián ¿Dónde estás?
Me metí en su habitación y me tire en su cama. Inhale profundamente, la colonia que le regale en navidad era parecida a la Lucas. Me gustaba meterme en su habitación a olerla. 
Cerré los ojos y recordé el último día que olí la original. La esencia de Lucas.
Me tumbe en la cama de Lucas, lo extrañaba mucho y me ponía en verdad triste que él tenga que irse después de las vacaciones. Cerré los ojos y aspire el aroma del perfume de Lucas.
Unos molestos golpes en la puerta me alejaron de mi ensueño. La puerta se abrió y unos minutos después los gritos empezaron.
Sebastián apareció en mi puerta.
—¿Qué pasa? —me encogí de hombros y juntos nos acercamos a la escalera —¿será mamá?
—espero que no
Sentimos que subían las escaleras y retrocedimos un paso cuando la última persona que esperaba ver apareció.
—hay están
—aléjate de ellos —papá se apresuro pero un policía lo detuvo —¡suélteme!
—papi —trate de acercarme a él pero me sujetaron del brazo —déjame, papá ¿Qué pasa?
—Samanta mírame —me gire hacia la voz —debes venir con migo
—no quiero
—debes hacerlo, hablaremos cuando lleguemos a casa
—¡esta es mi casa! —grite —¡TIAN!
Sebastián estuvo a mi lado enseguida.
—¿Por qué la policía está en la casa? —Brian y Mateo llegaron en el peor momento —usted es Andrés —señalo
—Mateo, que bueno que estés aquí
—Mateo no te acerques, —apreté a Sebastián en un abrazo —él nos quiere lastimar
—Samanta no asustes a tu hermano
—papá debemos irnos —Bruno también estaba aquí 
—no dejare que los alejen de mi —papá trato de parecer calmado pero sus manos temblaron —su madre vive aquí y ella tiene la custodia de ellos tres
—su madre ya no vive aquí —corrigió Andrés —y yo obtuve la custodia de mis hijos y me los llevo
Hicieron falta unos tres policías para lograr subirme a un auto y ser sacada de casa. No le he podido perdonar a Andrés el haberme sacado de mi casa y no le puedo perdonar a mamá el habernos dejado.