domingo, 20 de marzo de 2016

Capítulo13

Ahora no
Samanta:
—David de verdad no estoy de humor —me removí en mi silla rascándome la pierna —me pica esta cosa ya estoy harta
—te la quitan hoy —David no se veía como él mismo —Samanta
—¿Qué te pasa? —trate inútilmente de pararme, porque David me empujo instándome a sentarme —David, por favor habla
—tengo que volver a casa —no levanto la mirada de la mesa de centro —y de ahí me voy con mi padre a España
—te vas
—sí
—puedes mirarme —David resoplo pero lo hizo —dijiste que te ibas a quedar unos meses más, que no querías oír de trabajo en  mucho tiempo
—sé lo que dije
—pero pensé… pensé que te quedarías
David se acerco y se acuclillo junto a mí. Tomó mi rostro en sus manos y limpio lagrimas caprichosas que no pude contener.
—¿Quieres que me quede? —susurro pasando los pulgares suavemente bajo mis ojos —pídeme que me quede —susurro inclinándose para besarme —dímelo Samanta
Trague el nudo de mi garganta y me aleje de su beso.
—no puedo hacerlo
—no puedes o no quieres —trato de besarme una vez mas pero retrocedí —entonces no quieres que me quede
—David…
Se puso de pie de golpe sobresaltándome.
—no te atrevas Samanta
David se dio la vuelta y se fue, dejándome.
—David
Llame a nadie en la habitación.
Me quede mirando la puerta un largo rato antes de que intentara, inútilmente, levantarme de la silla. Un suave toque en la puerta me hizo sonreír.
—si aun sigues molesto será mejor que esperes afuera
—sigo molesto, —me deje caer en la silla pesadamente —pero tenemos que salir
Andrés me tomo del brazo y me puso sobre mis pies.
—estas lista 
—sí, necesito deshacerme de esto —trate de mover la escayola para hacer mi punto, pero no me salió muy bien y Andrés tuvo que tomarme del brazo para que no cayera —gracias. ¿No me han llamado?
—esperas que te llame
No era una pregunta.
—llevo semanas con esto y no me han venido a ver —me queje —ni siquiera me han llamado para ver cómo estaba
—¿Por qué habrían de hacerlo? —no tuve tiempo para contestar —aun no me has dicho que paso
—no hay nada que decir
Ayudada de unas muletas camine hasta la puerta, lo escuche resoplar. Me siguió fuera y mantuvo mi paso, demasiado lento para mi gusto, con las manos en los bolsillos y la mirada fija en mi.
—no hay nada que decir —le puse un poco de molestia en mi voz 
—a mi me parece que sí. Samanta, me preocupo por ti —como me rehusaba a mirarlo se paro frente a mí y espero a que lo mirara —solo quiero saber que paso
—llévame al hospital por favor

Andrés solo asintió y me llevo.